CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDITACIÓN II

CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDITACIÓN II[1]

El dedo que apunta a la Luna…

En el siglo XX hemos presenciado el renacimiento del Hatha Yoga (yoga físico) y su espectacular difusión en todo el mundo. Todo apunta a que el siglo XXI será el siglo del Raja Yoga, el yoga de la Meditación (Dhyana). El auge e interés que ha despertado en nuestros días la vía de la meditación, incluso en el estamento científico que hasta hace bien poco no le prestaba ninguna atención, no es un asunto casual ni una moda más. Es un fenómeno global que obedece a la necesidad del desarrollo integral de la personalidad humana. Un acontecimiento que camina de la mano del proceso evolutivo de la consciencia individual y social.

En el contexto de la reciente cultura “New Age”, el significado de la palabra meditación se  ha diluido y en muchas ocasiones se ha convertido en una especie de “cajón de sastre” donde parece caber de todo y en el que a cualquier práctica se le asigna la denominación de meditación. En este artículo, desarrollaremos algunas consideraciones sobre las enseñanzas de la meditación, desde la perspectiva de las tradiciones espirituales milenarias en las que se originaron dichas enseñanzas. [2]

 ¿Qué es la Meditación?

  “El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao” Lao-Tsé

¿Pero, qué es la meditación?  Se podrían decir tantas cosas… aunque ninguna sería capaz de hacerle justicia. A primera vista, dada la gran popularidad que esta disciplina ha alcanzado en las últimas décadas, puede  parecer innecesario pronunciarse al respecto. Bien al contrario, cuando algo se vuelve tan popular, tiende a convertirse en un objeto más de consumo y negocio. Pasa a ser la diana de interpretaciones simplistas, deformadas, comerciales y mercantilistas. Por tales motivos parece oportuno hacer algunas precisiones aclaratorias.

No resulta sencillo considerar un tema tan amplio como la Meditación, que configura un universo de enseñanzas donde confluyen muchas tradiciones y sus variadas visiones (Yoga, Tantra, Vedanta Advaita, Budismo, Taoísmo, Sufismo, etc.). Es además un ámbito no propicio para las interpretaciones de la mente intelectual, pues rebasa su campo de acción y comprensión. Es por ello que en este breve artículo nos centraremos sólo en comentar algunos malos entendidos al respecto, y en algunas de las principales características del proceso meditativo desde la óptica del Yoga Clásico (Patanjali Yoga).

Podemos comenzar diciendo y recalcando que la Meditación no es una técnica, ni una práctica, ni siquiera una metodología. La meditación en sí es un Estado de Consciencia “no-dual” (o adual) en el que se trascienden las limitaciones de la mente conceptual y se experimenta la Realidad y la naturaleza esencial de todo fenómeno. Es una experiencia vivencial que va más allá del pensamiento lógico, racional y analítico. Por tanto, al hablar de la meditación lo único que podemos hacer es indicar algunas de sus cualidades y características, entendiendo que lo que se expresa es sólo “el dedo que apunta a la Luna…”

Puede decirse, grosso modo, que los términos Yoga y Meditación [3] son palabras sinónimas que quieren expresar un estado de conciencia unificada, donde se han desvanecido las fronteras entre las diferentes dimensiones de la mente (consciente, subconsciente e inconsciente). Un estado Superconsciente en el que se experimenta la Consciencia Total, o fusión de la conciencia individual en la Consciencia Cósmica.

Cuando hablamos de técnicas de meditación (expresión que se ha generalizado) no estamos utilizando un lenguaje preciso. No existen las denominadas técnicas de meditación. Lo que habitualmente se conoce como métodos de meditación son básicamente técnicas de desarrollo de la atención, la interiorización (prathyhara) y la concentración (dharana). Aunque a algunos les pueda parecer extraño, no es posible practicar la meditación, ya que es un estado de consciencia en el que “se está o no se está”. Lo que sí podemos decir es que hay un “proceso” para establecerse en el estado de Meditación. Dicho proceso se sustenta en el desarrollo progresivo de la atención y la concentración. Esto no excluye en ningún modo la posibilidad de experimentar estados meditativos espontáneos (sahaja dhyana), ya que la meditación como estado de consciencia no es algo ajeno a la naturaleza humana, sino más bien su estado primordial, y por tanto le es inherente. En definitiva, cuando  los principiantes decimos que practicamos meditación (forma generalizada en la que solemos expresarnos), lo que realmente estamos diciendo es que realizamos prácticas de desarrollo de la atención o de concentración.

En el proceso hacia el estado de meditación hay dos elementos fundamentales; la técnica y la actitud del practicante. Todos los sistemas meditativos (Antar Mouna, Ajapa Japa, Yoga Nidra, Chidakasha Dharana, Prana Vidya, Kriya Yoga, Tattwa Shuddhi, Atma Vichara, Samatha, Vipassana, Brahma-Viharas, Za-Zen, Maha Mudra, etc.) son excelentes y muy eficientes, pero ninguno de ellos llegará a funcionar si el practicante no está establecido en la actitud adecuada. Grandes maestros de la meditación, como Buda y Patanjali, coinciden en que la práctica meditativa tiene que ir necesariamente acompañada de la observancia de los principios éticos de Shila (recta palabra, recta acción y recta forma de vida) en el caso de la tradición budista y, de Yama y Niyama (no violencia, veracidad-autenticidad, honestidad, canalización adecuada de la energía, ausencia de codicia, pureza, contento, austeridad-sencillez, autoestudio, confianza y abandono a la inteligencia suprema) en el caso de las enseñanzas del Yoga de Patanjali. Desafortunadamente, muchos practicantes ignoran o no tienen en cuenta dicho requisito.

Hay que entender que en realidad lo que trabaja el practicante no es simplemente un método, que es sólo una herramienta, sino establecerse en la actitud meditativa. De hecho, cuando se llega a estar plenamente establecido en la actitud adecuada, el método deja de ser imprescindible. Entonces se vive meditativamente…

Además de los principios éticos mencionados anteriormente, la actitud que acompaña al desarrollo de la metodología meditativa es la que  en el Yoga se denomina “Consciencia Testigo” (Sakshi Bhava) [4] y en el Budismo  “Ecuanimidad” (Upeksa). Esta actitud básicamente consiste en observar todo lo que sucede (interna y externamente) permaneciendo no-implicado, es decir, sin reaccionar intelectual ni emocionalmente hacia lo observado. Entonces la mente se vuelve un “espejo” donde se refleja la realidad de lo observado tal como es y sin ningún tipo de proyección, interpretación o sobre-imposición por parte del observador. Este proceso de observación pura, donde la consciencia permanece desnuda y sin ningún tipo de contaminación, despierta la compresión profunda de la Realidad y la Sabiduría.

Objetivo de la Meditación

En cuanto a la metodología del proceso meditativo, lo primero que nos recomienda el Yoga es realizar la práctica de modo constante, por largo tiempo, de forma ininterrumpida (Abhyasa) y en una actitud de no-apego o ausencia de expectativas (Vairagya). Observar ambos principios es fundamental para que la práctica llegue a buen fin.

Una vez asentado en la actitud de ausencia de expectativas, la práctica meditativa puede tener variados fines en función de los objetivos y necesidades del practicante. En la actualidad algunas corrientes occidentales (como Mindfulness ) [5] están interpretando el sentido de la meditación desde un marcado enfoque terapéutico, y en muchos casos como un simple medio para gestionar el estrés que tanto afecta a una parte importante de la población mundial. No cabe duda de que la meditación puede cumplir estos cometidos, que tienen un grandísimo valor. Pero desde la visión de los sabios (Rishis y Munis) que desarrollaron las enseñanzas de la meditación, el objetivo genuino de la práctica meditativa va mucho más allá y es mucho más profundo. Tiene como finalidad alcanzar la Sabiduría y la Verdadera Felicidad (Ananda) [6] tan ansiada por todo ser humano.

Buda nos explicó que el gran problema del ser humano es el “sufrimiento” o Duhkha. Nos proporcionó las enseñanzas del “Noble Óctuple Sendero” como vía para superar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. En dicho sendero la práctica meditativa juega un papel esencial.

Patanjali, el gran maestro del Yoga, en su famoso texto “Yoga Sutra” nos explica lo mismo en otros términos. Son las cinco “aflicciones” o Klesas la causa de la infelicidad que padece el ser humano. Las cinco causas de aflicción son: Avidya (ignorancia existencial), Asmita (ego), Raga (apego), Dvesha (aversión) y Abhinivesa (el miedo a la muerte o apego a la vida).

Avidya, el olvido de nuestra verdadera identidad o naturaleza esencial, es la causa que origina las demás aflicciones. Para disolver avidya y “des-cubrir” nuestra naturaleza real, Patanjali nos proporciona el sistema del “Ashtanga Yoga” [7], el Yoga de los Ocho Miembros (yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi). El proceso de la Meditación es la esencia de este sistema de Yoga que se concreta y culmina en base al desarrollo secuencial de tres etapas de la expansión de la consciencia (Samyama Yoga): Concentración, Meditación  y Superconsciencia (dharana, dhyana y samadhi). [8]

Etapas del proceso de Meditación

Desde la perspectiva de la práctica y de modo simplificado, el proceso hacia la experiencia meditativa puede resumirse en las siguientes fases. La primera es el desarrollo o cultivo de la Atención. Consiste en enfocar la atención en el presente (Aquí-Ahora) erradicando así la tendencia mental de vagabundear en el pasado o en el futuro, que es lo que nos desconecta de la realidad. La Realidad y la Verdad sólo pueden  experimentarse en el presente. Para ello se utilizan diferentes objetos como foco de la atención, por ejemplo, la observación del cuerpo y sus sensaciones, la respiración, los procesos mentales, etc. Todos los métodos meditativos comienzan con el cultivo de la atención.

La segunda fase es la Purificación Mental. A consecuencia del desarrollo de la atención comenzarán a presentarse de forma espontánea los condicionamientos (samskaras) que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, y que nos gobiernan desde las capas profundas de la mente. A través de la actitud de la “Consciencia Testigo” podremos ir reconociendo dichos condicionamientos (patrones mentales reactivos de apego-aversión, todo lo suprimido, la problemática personal no resuelta, etc.) sin reaccionar a los mismos. Así irán perdiendo toda su fuerza y terminarán por desactivarse. Este proceso no requiere hacer ni forzar nada, consiste en colaborar con la propia necesidad que tiene la mente de ventilarse y purificarse. La disolución de estas impurezas mentales dará paso a una forma de vivir más armoniosa, libre, creativa, amorosa y compasiva.

La tercera fase es el desarrollo de la Concentración. En la medida en que se va purificando la mente, el nivel de la atención irá in-crescendo, intensificándose hasta transformarse en estado de concentración. Del mismo modo que el agua necesita calentarse y hervir a cien grados centígrados para transformarse en vapor, la atención necesita incrementar su intensidad, hasta alcanzar un nivel óptimo en el que se convierte en concentración.

La atención durante el proceso meditativo consiste en un estado mental abierto en el que la energía mental se dirige a un foco principal, aunque al mismo tiempo pueda existir conciencia de otros fenómenos que suceden simultáneamente, sin que se produzca  ningún tipo de reacción hacia los mismos.

El estado de concentración representa la maduración de la atención donde la conciencia queda unificada en una sola dirección u objeto, excluyendo todo lo demás. Es un estado de uni-direccionalidad de la mente (ekagrata). Un estado en el que se abandona la multiplicidad del mundo fenoménico, pero donde seguirá habiendo interrupciones del flujo de la energía mental. La maduración y consumación del proceso de la concentración desemboca naturalmente en la experiencia meditativa, del mismo modo que el río desemboca y desaparece en el océano. El estado de Meditación se caracteriza por un “flujo ininterrumpido” de la energía mental sobre el objeto de la meditación.

De forma similar, la maduración-perfección del estado meditativo desemboca y culmina en el estado de Superconsciencia, denominado en las diferentes tradiciones con los términos: Dharma Mega Samadhi en el Raja Yoga (Patanjali Yoga), Nirvikalpa Samadhi en el Vedanta Advaita, Anupaya en el Tantra de Cachemira, Lhun-drup en el Dozgchen de la tradición budista tibetana, etc. En este estado ha cesado toda práctica, el camino ha concluido. Todas las semillas del karma (samskaras) se han consumido. La consciencia individual queda indisolublemente reintegrada en la Consciencia Universal.

No olvide el lector que todos los comentarios vertidos en este artículo siguen siendo nada más que  “el dedo que apunta a la Luna…” [9]

OM SHANTI (Om Paz)

Danilo Hernández  (Swami Digambar)

“BINDU” Escuela de Yoga de Chamartín (Madrid)

 

[1] Hay otro artículo, diferente de este, que tiene el mismo título y forma parte del apéndice de nuestro libro “Claves del Yoga” (editado por la Liebre de Marzo).

[2] Las enseñanzas de la Meditación se originaron en la India bajo el nombre de Dhyana. Cuando las enseñanzas llegaron a China adoptaron el nombre de Chan. Posteriormente en Japón pasaron a denominarse Zen. (Dhyana-Chan-Zen).

[3] “Clases de Yoga y Meditación” es una etiqueta que utilizan muchos centros de yoga para anunciar sus actividades. Esta falsa dicotomía, minimiza el significado de la palabra yoga, identificándola casi exclusivamente con la práctica de los asanas (posturas). Es una etiqueta que también puede inducir la idea de que Yoga y Meditación son materias diferentes. La palabra Yoga incluye el ámbito de la Meditación. La Meditación es elemento común y esencia de todas las sendas del Yoga. Resultaría más precisa la etiqueta  “Clases de Hatha Yoga y Raja Yoga” (Yoga físico y Yoga Mental).

[4] Una descripción detallada de dicha actitud puede consultarse en nuestro anterior artículo “Consciencia Testigo, eje de la Meditación y la Transformación”.

[5] Versión simplificada del sistema de meditación budista Vipassana (o Vipashyana).

[6] Felicidad Transcendental.

[7] No confundir ni identificar el sistema del “Ashtanga Yoga” de Patanjali con una línea de Hatha Yoga llamada “Ashtanga Yoga Vinyasa”. Son sistemas muy diferentes.

[8] El estado de Samadhi tiene diferentes grados. Patanjali, al principio del primer capítulo de los “Yoga Sutra”, los clasifica en dos categorías principales: Samprajnata y Asamprajnata. Al final del mismo capítulo amplía y detalla esta clasificación. En general pueden calificarse como Enstasis; estado supremo de consciencia en un marco de tranquilidad, en contraste al de exaltación del éxtasis.

[9] En la actualidad existen numerosos manuales sobre meditación. Algunos excelentes, como “Meditaciones de los Tantras” de Swami Satyananda Saraswati. Si se desea profundizar en el tema, es recomendable acudir a las fuentes originales. Puede  hacerse a través del estudio y práctica de las enseñanzas de los textos clásicos como el “Satipattana Sutta”,  los discursos de Buda sobre los fundamentos de la Atención. Los “Yoga Sutra” de Patanjali. Y el “Vijnana Bhairava Tantra”, texto de la tradición del Shivaismo de Cachermira.

 

 

 

 

Share