CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDITACIÓN II

CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDITACIÓN II[1]

El dedo que apunta a la Luna…

En el siglo XX hemos presenciado el renacimiento del Hatha Yoga (yoga físico) y su espectacular difusión en todo el mundo. Todo apunta a que el siglo XXI será el siglo del Raja Yoga, el yoga de la Meditación (Dhyana). El auge e interés que ha despertado en nuestros días la vía de la meditación, incluso en el estamento científico que hasta hace bien poco no le prestaba ninguna atención, no es un asunto casual ni una moda más. Es un fenómeno global que obedece a la necesidad del desarrollo integral de la personalidad humana. Un acontecimiento que camina de la mano del proceso evolutivo de la consciencia individual y social.

En el contexto de la reciente cultura “New Age”, el significado de la palabra meditación se  ha diluido y en muchas ocasiones se ha convertido en una especie de “cajón de sastre” donde parece caber de todo y en el que a cualquier práctica se le asigna la denominación de meditación. En este artículo, desarrollaremos algunas consideraciones sobre las enseñanzas de la meditación, desde la perspectiva de las tradiciones espirituales milenarias en las que se originaron dichas enseñanzas. [2]

 ¿Qué es la Meditación?

  “El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao” Lao-Tsé

¿Pero, qué es la meditación?  Se podrían decir tantas cosas… aunque ninguna sería capaz de hacerle justicia. A primera vista, dada la gran popularidad que esta disciplina ha alcanzado en las últimas décadas, puede  parecer innecesario pronunciarse al respecto. Bien al contrario, cuando algo se vuelve tan popular, tiende a convertirse en un objeto más de consumo y negocio. Pasa a ser la diana de interpretaciones simplistas, deformadas, comerciales y mercantilistas. Por tales motivos parece oportuno hacer algunas precisiones aclaratorias.

No resulta sencillo considerar un tema tan amplio como la Meditación, que configura un universo de enseñanzas donde confluyen muchas tradiciones y sus variadas visiones (Yoga, Tantra, Vedanta Advaita, Budismo, Taoísmo, Sufismo, etc.). Es además un ámbito no propicio para las interpretaciones de la mente intelectual, pues rebasa su campo de acción y comprensión. Es por ello que en este breve artículo nos centraremos sólo en comentar algunos malos entendidos al respecto, y en algunas de las principales características del proceso meditativo desde la óptica del Yoga Clásico (Patanjali Yoga).

Podemos comenzar diciendo y recalcando que la Meditación no es una técnica, ni una práctica, ni siquiera una metodología. La meditación en sí es un Estado de Consciencia “no-dual” (o adual) en el que se trascienden las limitaciones de la mente conceptual y se experimenta la Realidad y la naturaleza esencial de todo fenómeno. Es una experiencia vivencial que va más allá del pensamiento lógico, racional y analítico. Por tanto, al hablar de la meditación lo único que podemos hacer es indicar algunas de sus cualidades y características, entendiendo que lo que se expresa es sólo “el dedo que apunta a la Luna…”

Puede decirse, grosso modo, que los términos Yoga y Meditación [3] son palabras sinónimas que quieren expresar un estado de conciencia unificada, donde se han desvanecido las fronteras entre las diferentes dimensiones de la mente (consciente, subconsciente e inconsciente). Un estado Superconsciente en el que se experimenta la Consciencia Total, o fusión de la conciencia individual en la Consciencia Cósmica.

Cuando hablamos de técnicas de meditación (expresión que se ha generalizado) no estamos utilizando un lenguaje preciso. No existen las denominadas técnicas de meditación. Lo que habitualmente se conoce como métodos de meditación son básicamente técnicas de desarrollo de la atención, la interiorización (prathyhara) y la concentración (dharana). Aunque a algunos les pueda parecer extraño, no es posible practicar la meditación, ya que es un estado de consciencia en el que “se está o no se está”. Lo que sí podemos decir es que hay un “proceso” para establecerse en el estado de Meditación. Dicho proceso se sustenta en el desarrollo progresivo de la atención y la concentración. Esto no excluye en ningún modo la posibilidad de experimentar estados meditativos espontáneos (sahaja dhyana), ya que la meditación como estado de consciencia no es algo ajeno a la naturaleza humana, sino más bien su estado primordial, y por tanto le es inherente. En definitiva, cuando  los principiantes decimos que practicamos meditación (forma generalizada en la que solemos expresarnos), lo que realmente estamos diciendo es que realizamos prácticas de desarrollo de la atención o de concentración.

En el proceso hacia el estado de meditación hay dos elementos fundamentales; la técnica y la actitud del practicante. Todos los sistemas meditativos (Antar Mouna, Ajapa Japa, Yoga Nidra, Chidakasha Dharana, Prana Vidya, Kriya Yoga, Tattwa Shuddhi, Atma Vichara, Samatha, Vipassana, Brahma-Viharas, Za-Zen, Maha Mudra, etc.) son excelentes y muy eficientes, pero ninguno de ellos llegará a funcionar si el practicante no está establecido en la actitud adecuada. Grandes maestros de la meditación, como Buda y Patanjali, coinciden en que la práctica meditativa tiene que ir necesariamente acompañada de la observancia de los principios éticos de Shila (recta palabra, recta acción y recta forma de vida) en el caso de la tradición budista y, de Yama y Niyama (no violencia, veracidad-autenticidad, honestidad, canalización adecuada de la energía, ausencia de codicia, pureza, contento, austeridad-sencillez, autoestudio, confianza y abandono a la inteligencia suprema) en el caso de las enseñanzas del Yoga de Patanjali. Desafortunadamente, muchos practicantes ignoran o no tienen en cuenta dicho requisito.

Hay que entender que en realidad lo que trabaja el practicante no es simplemente un método, que es sólo una herramienta, sino establecerse en la actitud meditativa. De hecho, cuando se llega a estar plenamente establecido en la actitud adecuada, el método deja de ser imprescindible. Entonces se vive meditativamente…

Además de los principios éticos mencionados anteriormente, la actitud que acompaña al desarrollo de la metodología meditativa es la que  en el Yoga se denomina “Consciencia Testigo” (Sakshi Bhava) [4] y en el Budismo  “Ecuanimidad” (Upeksa). Esta actitud básicamente consiste en observar todo lo que sucede (interna y externamente) permaneciendo no-implicado, es decir, sin reaccionar intelectual ni emocionalmente hacia lo observado. Entonces la mente se vuelve un “espejo” donde se refleja la realidad de lo observado tal como es y sin ningún tipo de proyección, interpretación o sobre-imposición por parte del observador. Este proceso de observación pura, donde la consciencia permanece desnuda y sin ningún tipo de contaminación, despierta la compresión profunda de la Realidad y la Sabiduría.

Objetivo de la Meditación

En cuanto a la metodología del proceso meditativo, lo primero que nos recomienda el Yoga es realizar la práctica de modo constante, por largo tiempo, de forma ininterrumpida (Abhyasa) y en una actitud de no-apego o ausencia de expectativas (Vairagya). Observar ambos principios es fundamental para que la práctica llegue a buen fin.

Una vez asentado en la actitud de ausencia de expectativas, la práctica meditativa puede tener variados fines en función de los objetivos y necesidades del practicante. En la actualidad algunas corrientes occidentales (como Mindfulness ) [5] están interpretando el sentido de la meditación desde un marcado enfoque terapéutico, y en muchos casos como un simple medio para gestionar el estrés que tanto afecta a una parte importante de la población mundial. No cabe duda de que la meditación puede cumplir estos cometidos, que tienen un grandísimo valor. Pero desde la visión de los sabios (Rishis y Munis) que desarrollaron las enseñanzas de la meditación, el objetivo genuino de la práctica meditativa va mucho más allá y es mucho más profundo. Tiene como finalidad alcanzar la Sabiduría y la Verdadera Felicidad (Ananda) [6] tan ansiada por todo ser humano.

Buda nos explicó que el gran problema del ser humano es el “sufrimiento” o Duhkha. Nos proporcionó las enseñanzas del “Noble Óctuple Sendero” como vía para superar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. En dicho sendero la práctica meditativa juega un papel esencial.

Patanjali, el gran maestro del Yoga, en su famoso texto “Yoga Sutra” nos explica lo mismo en otros términos. Son las cinco “aflicciones” o Klesas la causa de la infelicidad que padece el ser humano. Las cinco causas de aflicción son: Avidya (ignorancia existencial), Asmita (ego), Raga (apego), Dvesha (aversión) y Abhinivesa (el miedo a la muerte o apego a la vida).

Avidya, el olvido de nuestra verdadera identidad o naturaleza esencial, es la causa que origina las demás aflicciones. Para disolver avidya y “des-cubrir” nuestra naturaleza real, Patanjali nos proporciona el sistema del “Ashtanga Yoga” [7], el Yoga de los Ocho Miembros (yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi). El proceso de la Meditación es la esencia de este sistema de Yoga que se concreta y culmina en base al desarrollo secuencial de tres etapas de la expansión de la consciencia (Samyama Yoga): Concentración, Meditación  y Superconsciencia (dharana, dhyana y samadhi). [8]

Etapas del proceso de Meditación

Desde la perspectiva de la práctica y de modo simplificado, el proceso hacia la experiencia meditativa puede resumirse en las siguientes fases. La primera es el desarrollo o cultivo de la Atención. Consiste en enfocar la atención en el presente (Aquí-Ahora) erradicando así la tendencia mental de vagabundear en el pasado o en el futuro, que es lo que nos desconecta de la realidad. La Realidad y la Verdad sólo pueden  experimentarse en el presente. Para ello se utilizan diferentes objetos como foco de la atención, por ejemplo, la observación del cuerpo y sus sensaciones, la respiración, los procesos mentales, etc. Todos los métodos meditativos comienzan con el cultivo de la atención.

La segunda fase es la Purificación Mental. A consecuencia del desarrollo de la atención comenzarán a presentarse de forma espontánea los condicionamientos (samskaras) que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, y que nos gobiernan desde las capas profundas de la mente. A través de la actitud de la “Consciencia Testigo” podremos ir reconociendo dichos condicionamientos (patrones mentales reactivos de apego-aversión, todo lo suprimido, la problemática personal no resuelta, etc.) sin reaccionar a los mismos. Así irán perdiendo toda su fuerza y terminarán por desactivarse. Este proceso no requiere hacer ni forzar nada, consiste en colaborar con la propia necesidad que tiene la mente de ventilarse y purificarse. La disolución de estas impurezas mentales dará paso a una forma de vivir más armoniosa, libre, creativa, amorosa y compasiva.

La tercera fase es el desarrollo de la Concentración. En la medida en que se va purificando la mente, el nivel de la atención irá in-crescendo, intensificándose hasta transformarse en estado de concentración. Del mismo modo que el agua necesita calentarse y hervir a cien grados centígrados para transformarse en vapor, la atención necesita incrementar su intensidad, hasta alcanzar un nivel óptimo en el que se convierte en concentración.

La atención durante el proceso meditativo consiste en un estado mental abierto en el que la energía mental se dirige a un foco principal, aunque al mismo tiempo pueda existir conciencia de otros fenómenos que suceden simultáneamente, sin que se produzca  ningún tipo de reacción hacia los mismos.

El estado de concentración representa la maduración de la atención donde la conciencia queda unificada en una sola dirección u objeto, excluyendo todo lo demás. Es un estado de uni-direccionalidad de la mente (ekagrata). Un estado en el que se abandona la multiplicidad del mundo fenoménico, pero donde seguirá habiendo interrupciones del flujo de la energía mental. La maduración y consumación del proceso de la concentración desemboca naturalmente en la experiencia meditativa, del mismo modo que el río desemboca y desaparece en el océano. El estado de Meditación se caracteriza por un “flujo ininterrumpido” de la energía mental sobre el objeto de la meditación.

De forma similar, la maduración-perfección del estado meditativo desemboca y culmina en el estado de Superconsciencia, denominado en las diferentes tradiciones con los términos: Dharma Mega Samadhi en el Raja Yoga (Patanjali Yoga), Nirvikalpa Samadhi en el Vedanta Advaita, Anupaya en el Tantra de Cachemira, Lhun-drup en el Dozgchen de la tradición budista tibetana, etc. En este estado ha cesado toda práctica, el camino ha concluido. Todas las semillas del karma (samskaras) se han consumido. La consciencia individual queda indisolublemente reintegrada en la Consciencia Universal.

No olvide el lector que todos los comentarios vertidos en este artículo siguen siendo nada más que  “el dedo que apunta a la Luna…” [9]

OM SHANTI (Om Paz)

Danilo Hernández  (Swami Digambar)

“BINDU” Escuela de Yoga de Chamartín (Madrid)

 

[1] Hay otro artículo, diferente de este, que tiene el mismo título y forma parte del apéndice de nuestro libro “Claves del Yoga” (editado por la Liebre de Marzo).

[2] Las enseñanzas de la Meditación se originaron en la India bajo el nombre de Dhyana. Cuando las enseñanzas llegaron a China adoptaron el nombre de Chan. Posteriormente en Japón pasaron a denominarse Zen. (Dhyana-Chan-Zen).

[3] “Clases de Yoga y Meditación” es una etiqueta que utilizan muchos centros de yoga para anunciar sus actividades. Esta falsa dicotomía, minimiza el significado de la palabra yoga, identificándola casi exclusivamente con la práctica de los asanas (posturas). Es una etiqueta que también puede inducir la idea de que Yoga y Meditación son materias diferentes. La palabra Yoga incluye el ámbito de la Meditación. La Meditación es elemento común y esencia de todas las sendas del Yoga. Resultaría más precisa la etiqueta  “Clases de Hatha Yoga y Raja Yoga” (Yoga físico y Yoga Mental).

[4] Una descripción detallada de dicha actitud puede consultarse en nuestro anterior artículo “Consciencia Testigo, eje de la Meditación y la Transformación”.

[5] Versión simplificada del sistema de meditación budista Vipassana (o Vipashyana).

[6] Felicidad Transcendental.

[7] No confundir ni identificar el sistema del “Ashtanga Yoga” de Patanjali con una línea de Hatha Yoga llamada “Ashtanga Yoga Vinyasa”. Son sistemas muy diferentes.

[8] El estado de Samadhi tiene diferentes grados. Patanjali, al principio del primer capítulo de los “Yoga Sutra”, los clasifica en dos categorías principales: Samprajnata y Asamprajnata. Al final del mismo capítulo amplía y detalla esta clasificación. En general pueden calificarse como Enstasis; estado supremo de consciencia en un marco de tranquilidad, en contraste al de exaltación del éxtasis.

[9] En la actualidad existen numerosos manuales sobre meditación. Algunos excelentes, como “Meditaciones de los Tantras” de Swami Satyananda Saraswati. Si se desea profundizar en el tema, es recomendable acudir a las fuentes originales. Puede  hacerse a través del estudio y práctica de las enseñanzas de los textos clásicos como el “Satipattana Sutta”,  los discursos de Buda sobre los fundamentos de la Atención. Los “Yoga Sutra” de Patanjali. Y el “Vijnana Bhairava Tantra”, texto de la tradición del Shivaismo de Cachermira.

 

 

 

 

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ENTREVISTA A DANILO HERNÁNDEZ. Por Daniel Gomis Para la Revista Kalma

“El yoga genuino promueve una transformación profunda y completa de la persona”

Con la semilla del yoga pujando desde una edad bien temprana con fuerza en su interior, Danilo Hernández (Madrid, 1954) comenzó a ejercer la práctica de forma autodidacta a la edad de 16 años, y a partir de ahí, no dejó de ahondar y progresar en esta disciplina de la mano de reconocidos maestros como André Van Lysebeth, Swami Niranjanananda o Paramahamsa Satyananda, de quien recibió el nombre de Swami Digambarananda Saraswati. Desde 1984 permanece vinculado a la Bihar School of Yoga de Munger, India, donde fue reconocido como Yogacharya (maestro de yoga) y sigue acudiendo periódicamente para perfeccionar sus conocimientos y profundizar en las enseñanzas. En la siguiente entrevista, Danilo Hernández nos expone ampliamente su visión de la técnica a la que ha consagrado su vida, aportándonos un enriquecedor testimonio sobre el necesario, y a menudo tan difícil, equilibrio entre tradición y modernidad a la hora de mantener bien viva la llama de la poderosa herramienta de transformación que es el yoga sin llegar a desvirtuar su esencia. El que sin duda es en la actualidad uno de los mayores conocedores y difusores del yoga en Occidente, dirige la Escuela de Yoga Bindu en Madrid e imparte regularmente cursos en muchas ciudades españolas y en Sudamérica, desarrollando así de forma infatigable el importante sentido que tiene para él la vocación de servicio. Hernández es también el autor de uno de los títulos que no debería faltar en la biblioteca de todo buen amante y estudioso del yoga: Claves del Yoga. Teoría y Práctica (Ed. La Liebre de Marzo).

 

¿Qué es para ti el yoga?

El yoga es un sistema que se concibió con el objetivo de que el ser humano pudiera alcanzar salud y armonía total en todos los aspectos de su personalidad. En mi caso y después de muchos años de práctica, se ha convertido en mi forma de vida. Consciencia en cada momento y espíritu de servicio, son los principios del yoga que intento aplicar en mi vida cotidiana.

 

¿Cuánto tiene de ciencia, cuánto de filosofía y cuánto de espiritualidad?

Yo diría que incluye los tres aspectos en igual proporción. Por un lado, es una ciencia que utiliza como laboratorio el cuerpo-mente. Un sistema empírico de transformación cuyos resultados y beneficios han sido constatados a lo largo de la historia y  comprobados por la ciencia moderna desde hace decenios. Por otro lado, el yoga es una de las seis Darshanas o escuelas filosóficas de la India. No es una filosofía al estilo occidental que se basa en la especulación. Es más bien una filosofía al estilo de las antiguas escuelas griegas que se fundamenta en la experiencia directa para llegar a la comprensión de la Realidad Última. Asimismo, el yoga es también un camino espiritual para todos aquellos que quieran descubrir su verdadera identidad y su unidad con Todo.

 

¿Qué te empujó hacia la senda del yoga?

Cuando tenía seis años solía sentarme en la playa con las piernas cruzadas y permanecía en silencio largo tiempo mientras mis hermanos y los otros niños no paraban de jugar. Mi madre se preocupaba mucho y venía una y otra vez a decirme que jugara con mis hermanos… Ahora sé que experimentaba estados meditativos de forma espontánea. Creo que el yoga estaba inherente en mi naturaleza desde el principio de mi vida. A los trece años, ojeando un libro que estaba leyendo mi padre, encontré la palabra yoga y aunque no conocía su significado me causó un gran impacto. Intuí que detrás de esa palabra se escondía algo inmenso. La palabra yoga quedó completamente grabada en mi mente. A los dieciséis años, cayó en mis manos el primer libro de yoga e inmediatamente me puse a practicar asanas y relajación. Me resultaba algo muy familiar y lo disfrutaba mucho. Durante tres años practiqué de forma autodidacta y a partir de ahí comencé mi formación con reconocidos Maestros.

 

¿Cómo ha ido evolucionando tu relación con esta técnica a lo largo de los años?

Al principio lo veía como una serie de ejercicios que me ayudaban a tener buena salud y a conseguir una excelente forma física. Luego se convirtió en una búsqueda, en una Sadhana. Pasó a ser la prioridad de mi vida. Un proceso de auto-estudio que conllevaba la purificación de la mente y el aprendizaje de su manejo adecuado. Al hacerme profesor de yoga adquirió una dimensión mucho más social. La maduración de este proceso desembocó finalmente en mi “forma de vida” cuyo eje es el servicio a los demás.

 

¿Y cómo la has visto evolucionar en nuestro entorno social?

A principios de los setenta éramos muy pocos los que nos acercábamos al yoga. En su ambiente se respiraba mucha autenticidad y compañerismo. El yoga en aquella época era algo “raro” para la sociedad y hasta levantaba cierta sospecha… A veces nos sentíamos un poco clandestinos. La mayoría de la población ignoraba de qué se trataba. Con los años, su difusión fue en progresivo aumento hasta la impresionante popularidad que ha alcanzado en la actualidad.

Es maravilloso que tantas personas puedan beneficiarse del yoga en nuestros días. Pero es también una lástima la comercialización tan abusiva que se está produciendo y que lo está reduciendo a un artículo más de consumo. Hoy día, en el “mundillo” del yoga abundan los mercaderes y especialistas en marketing que están implantando una visión simplista, fragmentada y a veces muy deformada. Los “industriales” del yoga están difundiendo una imagen donde predomina un yoga de “leotardo, fitness y pirueta”. También es verdad que cada día son más las personas interesadas en profundizar en el yoga genuino. Esto último nos permite vislumbrar un horizonte futuro muy optimista.

 

¿Qué requisitos básicos consideras que debería reunir un practicante para sacarle un buen provecho a su práctica?

Los “Yoga Sutras” de Patanjali resumen magistralmente las cualidades que deben acompañar la práctica, y por tanto, poseer el practicante. Estas son Abhyasa y Vairagya. Abhyasa representa la constancia, la regularidad y la determinación. Vairagya es la actitud de no-apego, la ausencia de expectativas con respecto a los resultados de la práctica.

 

¿Y cuáles deberían ser las principales virtudes de un buen profesor?

Un buen profesor, antes que nada, tiene que ser un buen practicante. Un punto clave es que tenga una buena preparación, es decir, un conocimiento y comprensión profunda de la teoría y la práctica del yoga. Algunas de  las cualidades que definen al buen profesor son: la generosidad, la honestidad, la humildad, el realismo, el sentido común, no ser dogmático ni sectario, el espíritu de servicio, el afán de superarse, la paciencia, etc. Y si posee un buen sentido del humor, mejor que mejor. Tendría que ser capaz también de ponerse en la piel del alumno y comprender cuáles son sus verdaderas necesidades y el modo de ayudarle a satisfacerlas. Y por supuesto, debería ser una persona decidida a seguir aprendiendo, creciendo y ayudando.

 

Según tu experiencia, ¿qué otros obstáculos además de la inconstancia y las expectativas pueden desvirtuar la esencia del yoga?

En cuanto a la práctica se refiere, la falta de discernimiento (viveka) puede ser un gran obstáculo. El practicante ha de desarrollar una total comprensión de los ejercicios que realiza y de la actitud que propone el yoga a la hora de realizarlos. Otro obstáculo que destruye el yoga es la práctica mecánica.

 

En general, parece ser que en la práctica habitual aprovechamos un porcentaje muy pequeño de todo lo que nos puede ofrecer el yoga… ¿Cómo lo sientes?

El yoga genuino promueve una transformación profunda y completa de la persona. Si nos remitimos a la práctica de unos meros ejercicios seguro que obtendremos algunos beneficios pero no el desarrollo de todo nuestro potencial. Para que el yoga nos reporte todos sus beneficios es muy importante que sus principios y actitudes los integremos en nuestra vida cotidiana.

 

¿Qué puede estar fallando si la práctica no nos lleva a un estado de armonía y felicidad?

Puede que lo que esté fallando sea la actitud del practicante. Todo el proceso del yoga se sustenta sobre el pilar de los códigos éticos de Yama y Niyama. Si se ignoran estas actitudes, lo cuál desafortunadamente es muy habitual, los efectos profundos del yoga no fructificarán. Si practicamos yoga como unas técnicas que nos van a proporcionar tales o cuales beneficios estamos convirtiéndolo en un proceso mecánico. Así nos sentiremos bien transitoriamente, pero en cuanto nos confrontemos con la vida volveremos a tener problemas. Es muy típico el caso de personas que han practicado yoga durante años y a la primera de cambio, ante situaciones normales de la vida, se desestabilizan.

 

Un mal muy común… ¿Cómo podemos solventarlo?

Creo que esto es el resultado de una práctica superficial y que no se ha integrado en la vida cotidiana. Sucede porque la práctica de ejercicios despojada de la actitud adecuada puede mejorar nuestra forma física pero no produce crecimiento ni transformación. A veces se queda en un mero “culto al cuerpo”. De ahí, la importancia de combinar la práctica del Hatha Yoga con otras vías como el Raja Yoga, Gñana Yoga, Karma Yoga o Bhakti Yoga. Esto es lo que recomienda la tradición milenaria del yoga. De este modo, el yoga no será una simple práctica de ejercicios y se convertirá en un “estilo de vida”. Es la expresión de la actitud yóguica en la vida cotidiana lo que proporciona la verdadera armonía y la felicidad.

 

¿Cómo encontrar el equilibrio entre una sana disciplina y la no rigidez?

Es frecuente que el principiante se vuelva rígido en los primeros pasos en su andadura en el yoga. Suele estar muy preocupado consigo mismo y necesita aferrarse a las prácticas, objetivos y resultados. A veces se toma el asunto demasiado en serio y a la tremenda… Lo normal es que con el tiempo se vaya relajando y comprenda que la verdadera disciplina no es un asunto de imponerse actitudes férreas sino de dar un cauce adecuado y armonioso a sus energías. El equilibrio que mencionas aparece cuando se madura y se desarrolla un verdadero discernimiento. Como consecuencia, aparecen las cualidades de naturalidad y espontaneidad que son inherentes al auténtico proceso del crecimiento personal.

 

¿Tomarnos más en serio la importancia de la respiración es una de las grandes asignaturas pendientes?

En una entrevista para una radio argentina la periodista me preguntó si la respiración era la columna vertebral del yoga. La respuesta que me vino inmediatamente a la mente fue que la columna vertebral del yoga es la Consciencia y que la respiración es la columna vertebral de la vida… Vida y respiración son lo mismo. La respiración interconecta todos los aspectos de la personalidad de modo que tal como se respira así se vive. Tener una vida sana y feliz depende de que seamos capaces de respirar correctamente. El yoga nos ayuda a rehabilitar la respiración incorrecta o deficiente y nos enseña cómo sacar un provecho óptimo de esta función vital y esencial. Sin lugar a dudas, tenemos que darle a la respiración la importancia que se merece. Conocer cuáles son las pautas de la respiración adecuada debería formar parte de la cultura básica de todo individuo. De este modo, se evitarían muchísimas dolencias y desequilibrios y mejoraría muy notablemente la salud y la calidad de vida de la población en general.

 

¿Y cómo crees que andamos respecto al trabajo sobre la mente? ¿Andamos muy cojos de Raja Yoga?

Esta sí que es la gran asignatura pendiente. Es verdad que el yoga mental no ha tenido el auge que merece pero también es verdad que la situación está cambiando y asistimos hoy día a un florecimiento del Raja Yoga que parece imparable. Estamos entrando en la era de la Meditación. Buda y Patanjali coinciden en que la raíz de los padecimientos del ser humano está en la mente. Sus enseñanzas ponen el acento en los códigos de actitudes éticas y en la metodología de la Meditación que realiza la purificación de la mente y el despertar de todo su potencial.

 

Pues parece que en Occidente aún no lo tenemos demasiado claro…

La mentalidad occidental es muy superficial y ha priorizado los aspectos corporales de las prácticas yóguicas. No obstante, todos los adeptos que profundizan en el trabajo corporal, más tarde o más temprano, desembocan en la práctica de la meditación. Es un proceso evolutivo natural. Yoga y Meditación son palabras sinónimas. La meditación es el trasfondo y esencia de todas las vías del yoga. El futuro de todo practicante que esté decidido a profundizar en la trasformación de sí mismo será la inmersión en la meditación.

 

¿Cómo debería ser el proceso de trabajo en las vías del Gñana Yoga, Bhakti Yoga y Karma Yoga para llegar al desarrollo integral de la persona?

Todas las sendas del yoga tienen sus peligros si no se abordan correctamente. El Gñana Yoga tiene el peligro de convertirse en una vía meramente intelectual. Cuando el proceso del Gñana Yoga se encauza de modo adecuado aparecen el discernimiento y la comprensión de la unidad de todo. Desde esta experiencia, brota entonces naturalmente el sentimiento amoroso del Bhakti Yoga. Y a partir de aquí, florece de forma espontánea la actitud de servicio desinteresado del Karma Yoga. No obstante, como se suele decir, “todos los caminos llevan a Roma…”, así que cada persona debe seguir la vía del yoga hacia la que tenga más afinidad. En la medida en que el practicante vaya madurando se irán integrando de modo natural las otras vías del yoga.

 

Estas tres vertientes son aún bastante desconocidas para muchos practicantes que no han ahondado en la tradición…

El “Bhagavad Guita” representa la quintaesencia del yoga y describe los tres senderos que permiten alcanzar la liberación: Gñana Yoga (vía del discernimiento-sabiduría), Bhakti Yoga (vía del amor-devoción) y Karma Yoga (vía de la acción-servicio). Nos proporciona una visión global del yoga en la que los tres senderos confluyen y se integran dando como resultado el equilibrio entre la cabeza, el corazón y las manos, la armonización de todos los aspectos de la personalidad humana.

Aunque son tres senderos distintos que contienen sus propios métodos, en cierto sentido, son un mismo y único sendero y conducen a un mismo fin. Como ya he dicho anteriormente, independientemente del sendero que se siga, es normal que las otras vías vayan integrándose de forma natural como consecuencia del proceso de transformación y maduración del practicante. Los tres senderos terminan fundiéndose en uno. Ello conlleva la unificación y armonización de los tres ámbitos del individuo: “intelecto-sentimiento-acción” y representa la visión y desarrollo integral del yoga.

 

¿Cómo orientarse hoy en día si se quiere empezar a practicar o profundizar en la esencia ante la multitud de propuestas de yoga imperantes?

A los que quieren comenzar a practicar yoga les recomendaría que lean algún buen libro donde se describa el yoga genuino y su verdadera dimensión. Esto evitará que luego les den “gato por liebre”. Lo segundo sería buscar una buena escuela cerca de su domicilio ya que así no tendrán necesidad de largos desplazamientos y se asegurará una práctica mas regular. Si las enseñanzas o el profesor no les convencen tendrán que seguir buscando… En el profesor tienen que percibir una persona honesta, humilde, competente, flexible, no dogmática y a ser posible que esté ligado a una escuela o enseñanzas reconocidas. También les diría que eviten los profesores con síntomas de “yoga-star o vedettismo”, los que expresan el yoga en forma de adoctrinamiento, los centros que desprenden un tufo comercial; “Mcyogas”,  “Yogashops”,  “Yogafitness”… y las escuelas que abusan del marketing y la propaganda. En cualquier caso, tendrán que desarrollar su discernimiento y encontrar el estilo de yoga y el profesor que les resulte más afín. Y para los que quieran profundizar en la esencia del yoga, se impone el estudio de los textos tradicionales, como los “Yoga Sutras” de Patanjali, el “Bhagavad Guita”, el “Hatha Yoga Pradipika”, etc.

 

¿Qué opinión te merece que haya cada vez más prácticas que utilicen técnicas o aspectos aislados del yoga?

Mejor que utilicen técnicas aisladas del yoga que no utilicen nada. Esto enriquecerá de modo notable sus sistemas. Eso sí, estaría muy bien que tengan la honestidad de reconocer lo que el yoga ha aportado a sus sistemas y no se apropien del yoga como si lo hubieran inventado ellos. En este sentido se ve que abunda una rapiña vergonzosa…

 

¿Cómo ves todo el tema referente a la actual voluntad de regularización de la profesión del yoga?

No estoy al día de cómo marcha este proceso de regularización. La regularización de la profesión de profesor de yoga me parece un asunto lógico y muy necesario. Con ello se podrán evitar el intrusismo, la calidad deficiente de la enseñanza y muchos otros problemas como la actual proliferación de cursos de profesorado, algunos de los cuales están orientados al puro negocio y levantan gran sospecha en cuanto a la solidez de la formación. Por poner un ejemplo; hemos visto barbaridades como anuncios para hacerse profesor de yoga en quince días. En fin, sobran los comentarios…

 

¿No es absurda, en un ámbito como éste, la pugna que parece que se puede estar dando para imponer una determinada visión?

Por ser el universo del yoga tan amplio y variado resulta un tema complejo. Además, al ser un pastel muy apetitoso, se está viendo como son muchos los que quieren tomar su pedazo en este próspero negocio. No son solo los mercaderes y los oportunistas de turno. También se están apuntando ayuntamientos, comunidades autónomas, entidades universitarias, y en definitiva, muchos que desconocen o ignoran la filosofía y los códigos éticos del yoga y solo están interesados en “pillar cacho”. Sería buenísimo que los profesores y las escuelas de yoga pudieran llevar la iniciativa en este proceso. Ahora bien, habría que llegar a un consenso en el conjunto del país que garantice la  preparación y profesionalidad de los docentes del yoga y su normalidad jurídica.

 

¿Hasta qué punto crees que es necesaria la figura del mentor o gurú hoy día?

No se puede ser tajante en este asunto y existen todas las posibilidades. Pero desde un punto de vista realista, hay que reconocer que muy pocas personas son capaces de guiarse a sí mismas en el proceso del desarrollo personal. Es evidente que tener la ayuda de un maestro representa una gran ventaja. Yo diría que para practicar yoga es suficiente con tener un buen profesor. Ahora bien, si se está interesado en recorrer a fondo el camino del yoga es seguro que en algún momento será necesaria la relación con alguien que haya recorrido el sendero. Hay una fase en este camino que requiere confrontarse con la problemática que se arrastra del pasado y purificar todas las facetas de nuestra personalidad. En esos momentos, tener a alguien que nos pueda orientar supone una inmensa ayuda.

 

La relación mentor-discípulo parece que ha ido quedando bastante desdibujada en las sociedades modernas…

La relación profesor-alumno o maestro-discípulo es un arquetipo universal. Ha existido históricamente en todas las culturas, incluido el reino animal, donde las crías son instruidas por sus progenitores en el arte de la supervivencia. Los seres humanos, a lo largo de la vida, tenemos mentores en la escuela, el oficio, la universidad, etc. Por tanto, es lógico y normal tener también un maestro en el proceso del desarrollo personal.

En la tradición del yoga, esta relación es fundamental y ha sido siempre el eje de la transmisión de las enseñanzas. Muchas de las enseñanzas profundas están expuestas en los textos clásicos de un modo muy económico en palabras, a veces incomprensible, y necesitan ser interpretadas y transmitidas directamente por el maestro al discípulo. Esta relación culmina cuando el discípulo se convierte en su propio maestro. En cualquier caso, yo no me preocuparía por este asunto. Ya se sabe lo que dice la tradición: “Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro…”.

 

¿Para ser un buen yogui hay que viajar alguna vez a la India?

En absoluto. Pero en otro sentido, yo recomendaría visitar este maravilloso país al menos una vez. La gran variedad de información y contrastes que aporta la cultura de la India puede enriquecer mucho nuestra visión de la vida. Entre otras muchas cosas, puede bajarnos de nuestro etnocentrismo cultural y hacernos comprender que la  felicidad auténtica no tiene que ver con la cantidad de cosas que acumulas y sí con una forma de vida sencilla y sin complejidades innecesarias.

 

¿Qué futuro le auguras al yoga?

El horizonte futuro del yoga me parece muy prometedor. El yoga genuino tiene más de seis mil años de antigüedad y goza de muy buena salud. En la actualidad una parte de sus enseñanzas ha sido absorbida por la cultura social. En algunos países la práctica del yoga está siendo incorporada dentro de muchas empresas y en todo tipo de instituciones. También está siendo integrada en el sistema educativo. Esto último es especialmente relevante. Supone la semilla del florecimiento de futuras generaciones de individuos más conscientes, éticos, creativos, sanos y armoniosos. En definitiva, una gran trasformación y enriquecimiento para la sociedad.

Desde otra perspectiva, el siglo XX ha sido el siglo del renacimiento y difusión del Hatha Yoga en todo el planeta. Es evidente, que el siglo XXI  será el siglo de la Meditación.

Cuando los mercaderes actuales del yoga y los pseudo-yogas que proliferan en estos días hayan caído por su propio pie y ya no estén aquí, el yoga genuino seguirá extendiéndose y siendo uno de los motores de la evolución de la consciencia humana. Es muy probable que también siga existiendo una versión comercial del yoga. Dejemos que los que quieran un yoga simplista también lo tengan, por qué no… Y dediquémonos a preservar el yoga auténtico, desarrollándolo y adaptándolo a las nuevas necesidades que van surgiendo.

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YOGA, CULTURA DEL SIGLO XXI

Introducción

En los años setenta nuestro maestro Swami Satyananda Saraswati comentó que el yoga sería la cultura del siglo XXI. Este augurio se está convirtiendo en una realidad. Cuándo comencé a impartir clases de yoga hace más de treinta años, la opinión pública tenía una idea confusa y limitada de lo que era el yoga. Había quién lo confundía con el judo, otros pensaban que era algo para relajarse, y una gran mayoría ignoraba de qué se trataba.  Esta situación ha cambiado por completo y en la actualidad la sociedad en general conoce el yoga, reconoce los grandes beneficios que reporta y lo que es más importante, son muchísimos los que lo practican habitualmente obteniendo una gran mejora en su calidad de vida.

La difusión que el yoga ha tenido en los últimos años es impresionante. Buena prueba de ello es que su práctica ha sido incluida en todo tipo de estamentos; centros culturales, instituciones sanitarias, gimnasios, asociaciones de vecinos, parroquias etc., además del florecimiento de innumerables escuelas de yoga. Creo que la gran expansión que el yoga está teniendo se debe, entre otras razones, a que las condiciones de vida se han vuelto un tanto inhumanas ( estrés, competitividad, artificialidad, desnaturalización del medio, consumismo exagerado, escasez de ideales, alienación, manipulación etc.). Por este motivo la población en general y el individuo en particular necesitan de un medio que les ayude a desarrollarse equilibradamente y a recuperar el contacto con su propia naturaleza y su verdadera identidad. Sin lugar a dudas, el yoga está demostrando que satisface esta necesidad social e individual. 

Definición

A pesar de la gran difusión que el yoga ha tenido en las últimas décadas, persisten interpretaciones muy superficiales, simplistas, incorrectas o deformadas y que son del todo incapaces de abarcar la verdadera dimensión y profundidad de yoga.

En esencia, el yoga es un sistema de desarrollo integral  del ser humano. Una vía para alcanzar SALUD Y ARMONÍA TOTAL: física, emocional, mental y espiritual. El yoga está considerado como una de las seis Darshanas o escuelas filosóficas de la India. La palabra darshana significa visión de la Realidad experimentada durante estados profundos de consciencia. No es una especulación intelectual sino una comprensión experimental de la Realidad profunda de la existencia.

El yoga además de filosofía es también una ciencia milenaria  que investiga la realidad utilizando el método científico. El laboratorio del yogui es su propio cuerpo-mente. Todos sus descubrimientos los lleva a cabo en un terreno experimental  y se convierten en realizaciones que generan una profunda transformación personal. 

La ciencia del yoga es una ciencia de la vida. A través de su práctica se desarrolla el conocimiento, la comprensión profunda y sobre todo la sabiduría. La sabiduría es el despertar y la actualización de todo el potencial que contiene el ser humano. Desde la sabiduría florece un modo de vivir feliz, armonioso y en consonancia con las leyes de la naturaleza y el orden universal.

De las numerosas vías de crecimiento personal que conforman el yoga, comentaremos en este artículo las dos que han tenido más repercusión en occidente. El Hatha Yoga y el Raja Yoga son las disciplinas que trabajan más directamente en el desarrollo y la SALUD  del cuerpo y de la mente.  

Cuerpo

Con respecto al cuerpo físico la propuesta del yoga es muy amplia. El sistema del Hatha Yoga (yoga físico) tiene como objetivo crear equilibrio y armonía en todas sus estructuras. Proporcionar una buena salud que haga posible una vida plena y el desarrollo de todas las capacidades  del individuo.

Aunque es el sistema cuya práctica más se ha extendido en occidente, lamentablemente en bastantes ocasiones se utiliza de forma limitada muy por debajo de sus verdaderas posibilidades. Otras veces se interpreta erróneamente convirtiéndolo en una gimnasia o una terapia más.

La primera función del yoga físico es facilitar que la persona potencie y mejore la conexión con su cuerpo físico. A partir de aquí se establece una escucha corporal que permite reconocer y satisfacer las necesidades reales del organismo. Es un proceso de integración entre el cuerpo y la mente que se realiza como una exploración y comunicación con el propio cuerpo, el cuál nos manifiesta su necesidad básica de respirar libremente, ejercitarse, abrirse, estirarse, plegarse, fortalecerse, flexibilizarse, relajarse, afirmarse, expresarse, etc. 

El desarrollo de este proceso desemboca en un mayor conocimiento y comprensión del cuerpo que nos permite hacer un mejor uso del mismo en todas las situaciones de la vida cotidiana. Todo ello culmina en un estado de equilibrio y armonía fisiológica que despierta todo su capital energético y otorga un nivel mas elevado de consciencia.  

Las herramientas que se utilizan en éste sistema son cinco grupos de ejercicios: Shatkarmas, Asanas, Pranayama, Bandhas y Mudras. 

En el Hatha Yoga se comienza por realizar una purificación fisiológica mediante la práctica de los Shatkarmas. Estos ejercicios tienen como objetivo limpiar y desintoxicar internamente todo el organismo. Actúan sobre tres segmentos corporales: la cabeza, el tórax-abdomen y la pelvis. Su cometido es equilibrar la actividad de los tres humores; mucus, bilis y gas cuyo balance garantiza la buena salud y el correcto funcionamiento de todos los órganos del cuerpo. Entre los Shatkarmas mas conocidos están la ducha nasal y el lavado del estómago y de todo el sistema digestivo.

El segundo terreno donde trabaja el Hatha Yoga es el ámbito de la respiración. Aquí encontramos dos niveles. El primero está concernido con la rehabilitación respiratoria o recuperación de la respiración natural. Se aprende a realizar esta función vital de un modo pleno y satisfactorio.

La respiración es la función fisiológica más determinante en la vida del ser humano. Si respiras mal vives mal, si respiras bien vives bien. La respiración es el soporte de toda nuestra actividad física y mental, de modo que tener una vida sana y feliz depende en gran medida de que seamos capaces de respirar adecuadamente. Aunque el ser humano nace preparado para respirar perfectamente, a menudo esta función se va entorpeciendo y deteriorando por la aparición de bloqueos funcionales, tensiones emocionales y mentales etc. Se produce un círculo vicioso de modo  que “cuando me tenso respiro mal y cuanto peor respiro más me tenso”. El resultado es que la calidad de vida se empobrece en todos los aspectos y esto contribuye a la aparición de muchos desequilibrios y  dolencias.

Lo peor de este asunto tan crucial es que nadie nos orienta ni ayuda a corregir y a mejorar la respiración. Nadie nos enseña a respirar; ni los padres, ni los educadores, ni el médico, ni el sacerdote, ni los políticos… Afortunadamente la práctica del yoga soluciona el problema rehabilitando la respiración deficiente o incorrecta y enseñándonos a sacar un provecho óptimo de esta función vital y esencial.

El segundo nivel se llama Pranayama y consiste en un conjunto de técnicas respiratorias cuya finalidad es potenciar la capacidad respiratoria, incrementar el nivel de la energía vital y establecer el equilibrio energético que proporcione un estado mental claro, sereno y ecuánime. El Pranayama es un método muy poderoso capaz de despertar todo el potencial energético del ser humano. Hay que realizarlo de un modo prudente, progresivo y preciso.

El tercer grupo de técnicas son los Asanas o posturas. Hay un número amplísimo y tienen como objetivo desarrollar armónicamente el conjunto del organismo. Las posturas nos enseñan a usar correctamente nuestro cuerpo. Proporcionan liberación y desbloqueo corporal, fuerza, firmeza, resistencia, flexibilidad, equilibrio, coordinación, consciencia corporal, confianza en uno mismo, capacidad expresiva, atención etc. Sus efectos benéficos  actúan sobre el conjunto del cuerpo y la mente.

Los Asanas también incluyen la práctica y aprendizaje de la relajación consciente. Aprender a relajarse y a vivir relajadamente es una asignatura pendiente para una parte muy importante de la población. La relajación es el método más directo para liberarse del estrés, el cansancio, el agotamiento, la tensión nerviosa y emocional y la agitación mental. Sin lugar a dudas está práctica debería formar parte de la cultura básica de todo individuo. Es una gran ayuda para recuperar o mantener la buena salud y para vivir feliz.

 Desde otra óptica, las  posturas de yoga representan simbólicamente todo tipo de situaciones que enfrentamos en  la vida cotidiana. Practicando las posturas aprendemos a relacionarnos física y psicológicamente con toda clase de situaciones respondiendo a cada una de ellas con atención, respiración adecuada, equilibrio, firmeza, flexibilidad, coherencia, buena adaptación, etc. Definitivamente, el trabajo postural contribuye no solo a potenciar el cuerpo y la buena salud sino también a equilibrarnos emocional y mentalmente.

Por último están las prácticas llamadas Bandhas y Mudras. Los Bandhas o llaves energéticas son tres ejercicios que además de procurar beneficios orgánicos muy importantes, tienen su principal acción sobre los niveles energético y psíquico. Podemos resumir diciendo que encauzan las energías internas adecuadamente colaborando a la armonización fisiológica, emocional y mental.

Los gestos psíquicos o Mudras son las técnicas mas avanzadas de este sistema. Muchos practicantes sólo conocen los mudras manuales o posiciones de las manos que canalizan apropiadamente las energías internas y generan estados profundos de consciencia. Existen muchos otros mudras que conllevan una práctica combinada de; postura, pranayama, bandhas y la toma de consciencia de los canales y los centros psíquico-energéticos (Nadis y Chakras). Son precisamente estos ejercicios los que llevan al practicante al estado de meditación o integración total. La práctica de los Mudras otorga al Hatha Yoga el carácter de sistema de meditación

Mente 

El yoga mental se denomina Raja Yoga. Este sistema es el que ha otorgado al yoga la categoría de Darshana o escuela filosófica de la  India. Su objetivo fundamental es purificar la mente y despertar todo su potencial. El resultado final de este proceso es la Autorrealización o Iluminación donde el ser humano alcanza su máximo nivel de evolución.

La palabra mente abarca muchos aspectos. Podemos definirla como el instrumento de la consciencia del individuo. Según el yoga está constituida por la interrelación de cuatro facultades: Intelecto, Ego, Pensamiento y Memoria.

Una de las primeras cosas que nos propone el yoga es que tenemos que comprender que es la mente y como funciona. A partir de dicha comprensión podremos despertar el potencial que contiene y utilizar su inmensa capacidad de un modo adecuado y eficiente. La metodología empleada en el Raja Yoga o yoga mental es muy amplia y variada. La meditación o Dhyana es su método principal.

La facultad del pensamiento es muy dinámica  y consigue que nos identifiquemos con su actividad fluctuante y  caprichosa. A menudo solemos ser arrastrados por sus inercias  perdiéndonos en un mundo de fantasías que nos  desconecta de nuestra realidad. El pensamiento  suele orientarse hacia el pasado o hacia el futuro con lo que nos olvidamos del presente y por tanto de la realidad, ya que el pasado y el futuro no existen. No significa esto que no debamos pensar a cerca  del pasado y el futuro. Esto es apropiado siempre y cuando no sea una inercia y  nos sirva para relacionarnos con el presente o hacer previsiones para el futuro.

Lo primero que nos enseña el yoga es a centrarnos en el momento presente. Establecidos en el presente podemos relacionarnos con la realidad e interactuar con ella en función de lo que demanda cada situación. Entonces desaparecen los comportamientos mecánicos. Nuestras respuestas a todos los eventos de la vida dejan de ser una reacción para convertirse en plena acción consciente.

La primera etapa en el trabajo mental es el desarrollo de la atención y todas las técnicas de meditación tienen este mismo punto de partida. Cuando empezamos  a realizar la práctica de la atención y a vivir atentamente, se presentan de forma espontánea los  condicionamientos  que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, y que nos gobiernan desde las capas profundas de la mente. Al estar atentos podemos reconocerlos sin implicarnos. En ese momento pierden toda su fuerza y tenemos la oportunidad de desactivarlos. Es así como se purifica la mente.

La segunda etapa del trabajo mental consiste en colaborar con este proceso de purificación mental que nos libera de todas las cargas del pasado y nos permite comenzar a vivir de forma libre y espontánea.

La tercera etapa es el cultivo de la concentración, y consiste en unificar todo el potencial de la energía mental hacia un solo punto. Gracias a la concentración somos capaces de penetrar en la esencia profunda de todo fenómeno. El perfeccionamiento de la concentración desemboca en los estados conocidos como Meditación (Dhyana) y Superconsciencia (Samadhi). En estos estados se trasciende la dinámica dual del pensamiento y se desarrollan la compresión profunda y la sabiduría. La culminación de este proceso que despierta y actualiza todo el potencial del individuo se denomina Autorrealización

La meditación y las dimensiones de la mente

La mente tiene tres áreas de manifestación o dimensiones. La que más conocemos es la dimensión consciente o estado de vigilia. Este es el estado en el que funcionamos en la vida cotidiana. Durante la vigilia somos conscientes de nuestro cuerpo físico y nos relacionamos con el mundo exterior a través de los cinco sentidos. La información que nos suministran los sentidos la procesamos mediante las cuatro facultades de la mente (intelecto, ego, pensamiento y memoria).

La segunda dimensión es el nivel subconsciente que se corresponde con el estado de sueño con ensueño. Cuando todas las noches habitamos en este plano perdemos la consciencia del cuerpo físico y los sentidos se desconectan. Pero la mente sigue activa utilizando el material almacenado en la memoria. Nos identificamos con los sueños y los experimentamos como reales. La mayoría de estos sueños son producto de nuestros condicionamientos y representan una válvula de escape y digestión para nuestras tensiones internas y nuestras contradicciones.

El nivel inconsciente es la tercera dimensión de la mente y está relacionada con el estado de sueño profundo. Cuando entramos en el sueño profundo ignoramos por completo nuestra existencia. La consciencia se desconecta del cuerpo físico y de la mente. Al no haber ninguna actividad mental vivimos en un estado de completa beatitud del cual no recordamos nada al despertarnos. Solo nos queda una magnífica sensación de recuperación y descanso.

La vía de la meditación  yóguica es un viaje a través de estas tres dimensiones. Comenzamos en la dimensión consciente desarrollando atención y relajación. Después penetramos en el nivel subconsciente  encontrándonos con todo tipo de manifestaciones del material almacenado en la memoria. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de procesar nuestros condicionamientos y contradicciones para conseguir la purificación mental. Una vez realizada la purificación de los contenidos mentales se produce la inmersión en la dimensión inconsciente. Pero a diferencia de lo que sucede durante el sueño profundo, en el proceso meditativo la consciencia permanece activa.

Mientras que el consciente y el subconsciente tienen un carácter individual, el nivel inconsciente es colectivo y  podemos identificarlo con la mente universal donde está incluida toda la información acerca del universo y de la existencia. En el estado de meditación la mente individual se reintegra en la mente universal donde adquiere y realiza todo su potencial.

La consumación de la meditación es la armonización e integración de los tres niveles de la mente y se denomina también estado de Turiya. Turiya significa cuarto estado o dimensión transcendental. Es un estado mas allá de la mente habitual  y no es posible definirlo con el intelecto. Este estado representa la culminación del perfeccionamiento del ser humano. El descubrimiento y realización de su verdadera Identidad.

Este horizonte de armonía, desarrollo y evolución, tanto personal como social, es una parte importante de lo que nos propone el Yoga como cultura del siglo XXI.

Swami Digambar

(Danilo Hernández)

Director de “BINDU” Escuela de Yoga de Chamartín (Madrid) 

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CONSIDERACIONES SOBRE LA MEDITACIÓN

En el proceso del desarrollo personal la “sadhana” o práctica final podría resumirse en la siguiente frase: “CONSCIENCIA EN CADA MOMENTO”. Esta actitud es la esencia del yoga y de lo que llamamos meditación. No es una actitud que podamos imponernos por “la fuerza de voluntad”, ni algo que aparece de un día para otro. Es producto de un proceso gradual de maduración, basado en el despliegue de la atención y la alerta. Es el desarrollo de un estado de presencia consciente que tiene que ir creciendo hasta llegar a impregnar todos los momentos del día.

La práctica de las técnicas de meditación tiene que trascender el ámbito de una postura corporal concreta, de un espacio físico determinado, y también de la metodología de la introspección. El entrenamiento meditativo específico, en privado o en grupo, siempre es necesario y más al principio, pero también desde su inicio tiene que reflejarse en el conjunto de las facetas de la vida. La actitud meditativa ha de estar presente en todos los momentos de nuestra existencia. Cuando esta actitud es integrada en lo cotidiano, se manifiesta como un estado mental de total apertura hacia lo que la vida trae en cada momento. Estar en lo que hay y seguir disponible para fluir con lo que continúe surgiendo. No es un dejarse arrastrar o empujar por las circunstancias. Es ser realista y aceptar lo que es evidente. Vivir conscientemente cada situación para entenderla y traspasarla, saliendo fortalecido por la comprensión alcanzada y por el hecho de haber resuelto dicha situación.

Cada situación es una oportunidad para meditar, tanto cuando se contempla un bello paisaje o las estrellas, como cuando se está inmerso en los quehaceres y los problemas cotidianos. La puerta al estado meditativo está permanentemente abierta. Lo que transforma cualquier vivencia en meditación es un cambio en la actitud de la persona, que tiene como denominador común el vivir todas las situaciones no desde la periferia de la mente y los sentidos, sino desde nuestro centro, ese espacio que en el yoga se denomina el estado de “consciencia testigo”. Una actitud de aceptación y observación imparcial ante nuestras emociones, pensamientos y sensaciones. Tal actitud nos permite ser conscientes de que no somos esos eventos pasajeros y de la independencia que existe entre nuestro Ser o Yo esencial y lo que sucede en nuestra periferia. De este modo no nos afectan ni contaminan los acontecimientos internos o externos. Conservamos la libertad y la espontaneidad. Dejamos de reaccionar mecánicamente y nuestra respuesta a todas las situaciones de la vida se convierte en plena acción consciente.

La práctica de la meditación y su expresión como “actitud meditativa” en lo cotidiano nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede en cada momento. Nos enseña a aprovechar cada situación, independientemente de sus características, para profundizar en el autoconocimiento, así como para desarrollar nuestra capacidad de respuesta y activar el inmenso potencial que llevamos dentro.

Todas las situaciones pueden utilizarse como un medio para profundizar y ejercitarse en la atención y en la expansión de la consciencia. Técnicas del yoga  como el “Silencio Interior” (observación de los procesos mentales) pueden aplicarse de un modo permanente  sin tener que crear condiciones especiales. Lo mismo sucede con la observación del proceso respiratorio, la “consciencia testigo”, la repetición del mantra, etc.

Deberíamos agradecer todas las complicaciones y obstáculos que encontramos en nuestro camino. Cuando estas situaciones se afrontan con la actitud meditativa, representan un gran aprendizaje, la oportunidad de superar todo tipo de limitaciones y la actualización de nuestro potencial.

¿Cómo sabemos si realmente estamos progresando en la meditación? Hay síntomas que pueden engañar o confundir en este particular. Muchos aspirantes otorgan gran importancia al hecho de tener “experiencias”, y si en su práctica personal no aparecen visiones o experiencias notables piensan que no está pasando nada. O por el contrario, si se produce algún fenómeno psíquico, engordan su ego con la idea de que son practicantes avanzados. Indudablemente las experiencias psíquicas son señales de progreso, sobre todo cuando dichas experiencias generan algún tipo de transformación. Pero hay algunas experiencias que son más un accidente que una verdadera comprensión y no tienen mucha relevancia aunque resulten agradables. Por el contrario, con bastante frecuencia puede parecer que no está sucediendo nada, y sin embargo se está avanzando de forma notable. Está preparándose silenciosamente un gran salto. El progreso en la meditación no suele ser lineal. Durante cierto tiempo se permanece madurando en un peldaño, hasta que se ha cubierto esa etapa y cuando llega el momento se produce el salto.

Progresar no es realizar las “expectativas irreales” que se habían proyectado, sino el desarrollar comprensión en cada paso del camino. Si el practicante detecta cambios en su vida, en su comportamiento, en sus actitudes, aunque los cambios parezcan insignificantes ya está produciéndose la transformación. Un buen barómetro para conocer el avance es el reflejo que la práctica de la meditación tiene en la vida cotidiana. Se está progresando cuando se comienza a discernir la importancia real que tiene cada situación o hecho. Si cuando no te salen bien tus proyectos no te sientes deprimido, y cuando las cosas te van muy bien no te pones eufórico, estás en buen camino, pues la circunstancias exteriores han dejado de condicionar tu estado de ánimo. Eres más autónomo, menos vulnerable a la influencia de los acontecimientos. Está floreciendo tu ecuanimidad y tu independencia interior.

Otro síntoma claro de progreso es la aparición natural –no practicada- de estados de ánimo y actitudes como la alegría, el no apego, la aceptación, la solidaridad, el espíritu de servicio desinteresado, la devoción y el amor que no espera contrapartidas, el discernimiento entre lo entre lo esencial y lo superfluo, etc. En definitiva, todas las cualidades que evidencian un nivel de consciencia más elevado y una actitud más altruista. También es un signo de progreso el que la práctica meditativa no se viva como una carga o un trabajo, sino como un disfrute y una forma de sentirse y ser más uno mismo. Si ya estás meditando y no te sucede nada de esto no pienses que no progresas, todo llegará en su momento. Adelante…

 

Swami Digambar (Danilo Hernández)

Director de “BINDU” Escuela de Yoga de Chamartín

 (Artículo del Apéndice del libro “Claves del Yoga”)

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Consciencia testigo – Eje de la Meditación y de la transformación

Es posible que mientras inicias esta lectura, estés cómodamente sentado disfrutando un estado de cierta tranquilidad. Pero quizás sea una tranquilidad muy frágil… Imagina que ahora mismo te comentase una mala noticia o un suceso violento y desagradable. En tal caso es probable que tu tranquilidad se esfumara de inmediato y comenzaras a sentirte incómodo y tenso. Esto indicaría que tu estabilidad mental es mas bien superficial y que está a merced de cualquier acontecimiento que se presente. ¿Porqué sucede esto?. Sucede porque no hay un estado suficiente de alerta y la mente se identifica con el suceso, provocando una respuesta emocional de incomodidad y tensión. Y esto suele sucedernos muy habitualmente, con independencia de que practiquemos Hatha Yoga, meditación, o cualquier otra técnica.

Todas las prácticas que solemos realizar son muy beneficiosas y nos ayudan a encauzar nuestra vida de un modo armonioso y positivo.  Las posturas de yoga, el pranayama, la relajación, la meditación, el kirtan, el Karma Yoga, etc., nos aportan salud y equilibrio. Pero este equilibrio con frecuencia tiene una duración breve y se puede alterar a la primera de cambio. Para que el equilibrio se convierta en nuestra naturaleza habitual y deje de ser un estado intermitente que depende de los acontecimientos, es necesario que nuestra práctica deje de ser una simple práctica, y se transforme en un estilo de vida. Ello conlleva un profundo desarrollo de la atención en todos los momentos de nuestra existencia. Un vivir conscientemente de instante en instante.

El ser humano está dormido

Las escuelas del auto-conocimiento y el desarrollo del potencial humano, consideran que el hombre común y corriente está dormido. Padece una actividad mental caótica y sin rumbo. Está habitualmente perdido en largas divagaciones, consumido por un diálogo interno que muchas veces es obsesivo y no tiene sentido. Vive inmerso en historias de pensamientos mecánicos, en un estado de distracción casi continua que además suele ser la primera causa de todo tipo de accidentes. De hecho, toma consciencia de lo distraído que vive, solo cuando esta a punto de sufrir un accidente que le puede costar muy caro.

Este estado de ausencia de atención en el que prevalece la inercia de los pensamientos involuntarios y no dirigidos, tiene enormes y devastadoras consecuencias. Por una parte está el olvido de si mismo. El individuo no se da cuenta de que él existe mientras vive, piensa o actúa. Ha perdido la conexión con su centro, con su esencia, con su Ser. Por otro lado, la repercusión de los pensamientos negativos pasa una gran factura a su salud física y mental.

La raíz de la “enfermedad” está en la mente

Buda y Patanjali coinciden en el diagnóstico sobre la “enfermedad” del ser humano. El problema no radica en el cuerpo, aunque este sea el recipiente donde generalmente se manifiestan las dolencias y sus síntomas. La raíz del problema está en la mente. En concreto, en los patrones mentales reactivos de “apego-aversión” (raga-dwesha) y en las fluctuaciones incontroladas de los pensamientos que generan un tremendo caos mental.

Las investigaciones médicas y científicas, han verificado lo que en la ciencia del Yoga se sabe desde hace milenios. El enemigo más temible para el organismo, no son los microbios, ni las bacterias, ni los virus, sino los patrones de reacción mental y los pensamientos negativos.

El pensamiento es una función natural y esencial en la vida del ser humano. La capacidad de pensar es un bien inestimable que nos diferencia de otras especies y nos ha permitido evolucionar y transformar el mundo. Es obvio que necesitamos pensar, especialmente cuando ello nos sirve para interactuar en la vida, relacionarnos con el presente o hacer previsiones de futuro. Pero hay muchísimas ocasiones en las que el pensamiento se convierte en una inercia mecánica y turbulenta que nos desconecta de la realidad y nos predispone a estados de ansiedad, preocupación, miedo y todo tipo de emociones negativas.  En consecuencia nos desequilibra y nos precipita hacia el sufrimiento.

El cerebro es el ordenador que dirige al conjunto del  organismo. Trabaja sin cesar durante toda nuestra vida regulando cada una de las funciones del metabolismo y su equilibrio químico. La ciencia ha descubierto que cada vez que tenemos un pensamiento el cerebro produce unas sustancias llamadas neuropéptidos y lo que sentimos y experimentamos es la producción y asimilación de dichas sustancias.

Las células del sistema inmunológico que se encargan de defender al organismo de las bacterias, virus, gérmenes y en definitiva de toda enfermedad, tienen un punto concreto de carga que recibe a los neuropéptidos. De este modo el sistema inmunológico percibe nuestros pensamientos y reacciona a nuestro diálogo interno.

La respuesta del sistema inmunológico a los elementos patógenos puede debilitarse o incluso dejar de funcionar por causa de dichas sustancias. Es evidente que lo que pensamos tiene consecuencias y que la respuesta del sistema inmunológico, está condicionada por los pensamientos. El pensamiento positivo potencia el funcionamiento del sistema inmunitario y el pensamiento negativo lo debilita. Ahora podemos entender que la raíz de muchas dolencias, desequilibrios y enfermedades está en una forma de pensar que altera y entorpece el trabajo del sistema inmunológico.

Desde esta perspectiva, podría dar la impresión de que el pensamiento es el “malo de la película”. En absoluto. En realidad, el problema en sí, no son los pensamientos  si no la relación que establecemos con ellos, la identificación y consiguiente reacción. Una relación neurótica en la que el pensador es cazado por el pensamiento, se identifica con él y es arrastrado, olvidando que su verdadera identidad es independiente y diferente del fluir efímero de dichos pensamientos.

Consciencia Testigo, eje de la Meditación y la Transformación

La mejor forma de liberarnos del efecto negativo que tienen en nuestra salud física y mental, los pensamientos involuntarios o espontáneos y el diálogo interno es lo que en el Yoga se define como el desarrollo de la “Consciencia Testigo”. Una actitud de aceptación y observación imparcial ante nuestras emociones, pensamientos y sensaciones. Tal actitud  nos permite ser conscientes de que no somos esos eventos pasajeros y de la independencia que existe entre nuestro Ser o Yo profundo y lo que sucede en nuestra periferia. De este modo no nos afectan ni contaminan los acontecimientos internos o externos. Conservamos la libertad y la espontaneidad. Dejamos de reaccionar mecánicamente y nuestra respuesta  a todas las situaciones de la vida se convierte en plena acción consciente.

De entre todos los recursos que disponemos para potenciar y actualizar la Consciencia Testigo, destaca el método de meditación del “Silencio Interior” (Antar Mouna) que nos ha legado nuestro maestro Swami Satyananda. Con su ayuda podemos entrenar la atención y permanecer como un testigo -no implicado- de la actividad espontánea de nuestra mente. Cuando nos sentamos a meditar estamos en una situación privilegiada para desarrollar la Consciencia Testigo y desactivar los condicionamientos de la mente. No obstante, no hay que olvidar que cuando termina la sentada, la actitud meditativa debe continuar. Hay que seguir establecido en la Consciecia Testigo en medio de  las situaciones del vivir cotidiano. Es así como la práctica meditativa deja de ser una simple práctica y se transforma en un estilo de vida. Es así como la meditación se expresa en la acción y fructifica la sadhana (práctica personal).

Están muy bien todas las prácticas que realizamos, las terapias que nos aplicamos, los seminarios en que participamos, los textos que estudiamos, los profesores que frecuentamos. Todo ello es una gran ayuda y nos  proporciona salud, equilibrio, crecimiento y el despertar a la dimensión profunda de la existencia. Pero en muchos casos se queda solo en destellos de despertar. En cuanto baja la alerta y este es un viejo hábito muy arraigado, vuelven la mecanicidad, los patrones de comportamiento condicionado y la avalancha de pensamientos con los que nos identificamos y a los que reaccionamos inconscientemente.

En cierto sentido, da lo mismo donde vivamos, da lo mismo lo que hagamos, las terapias que realicemos, las técnicas que practiquemos. Todo ello está muy bien, pero mientras no tengamos la firme determinación, de ser conscientes en todo momento de nuestro diálogo interno, nuestro pensamiento involuntario, seguiremos sumidos en el sueño. El diálogo interno nos suele acompañar durante todo el día y es mas constante en nuestra vida que cualquier actitud, práctica o método que realicemos.

El despertar y la transformación profunda, sólo suceden cuando actualizamos la Consciencia Testigo y nos desidentificamos y deshinotizamos del mecánico diálogo interno. Llevar a cabo este despertar no es solo cuestión de practicar técnicas sino de cultivar una actitud de alerta que impregne toda nuestra vida. Las técnicas nos ayudaran mucho, nos ayudarán a ir poco a poco, para finalmente establecernos en la actitud de ser consciente en todo momento.

La meditación en la vida cotidiana

Pero, mientras en el día a día, no seamos conscientes del diálogo interno, las olas del océano mental, seguirán dándonos revolcones, arrastrándonos y generando venenos que intoxican el conjunto de nuestro cuerpo-mente. Sólo tomando consciencia del diálogo interno, podemos liberarnos de él. Entonces dejamos de ser zarandeados por su oleaje y podemos navegar en la dirección adecuada. Éste, es un proceso que comienza con la atención o auto-observación, madura con la meditación y nos conduce hacia la auto-realización.

La Consciencia Testigo es un proceso de “guante blanco”. No requiere actuar ni es un trabajo. No hay que suprimir ni alimentar nada. Es un no-hacer, no intervenir, no involucrarse. Es un puro observar desde la aceptación que nos libera de los condicionamientos mentales y nos permite ver las cosas tal como son y comprender la naturaleza profunda de todo fenómeno. La Consciencia Testigo sintetiza los factores esenciales que caracterizan la sadhana del Yoga Clásico o Yoga de Patanjali: “práctica constante” (Abhyasa) y “no-apego, desidentificación” (Vairagya).

Cada momento y situación de la vida cotidiana es una invitación a vivir conscientemente, a desarrollar la Consciencia Testigo. Podemos observar el cuerpo mientras caminamos, podemos observar nuestra respiración mientras estamos en el autobús, podemos ser conscientes de nuestros pensamientos mientras hablamos, trabajamos, en todo momento… ¿A qué esperamos?…  Es cuestión de determinación, de acordarnos y de perseverar…

¡ ADELANTE !

Swami Digambarananda

(Danilo Hernández)

Director de: “BINDU” Escuela de Yoga de Chamartín  (Madrid)

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YogaBindu – Escuela de Yoga

Las enseñanzas básicas que se imparten en la escuela “BINDU” son una síntesis del Hatha Yoga (yoga físico) y el Raja Yoga (yoga mental). La práctica incluye las siguientes técnicas: Trabajo Corporal, Posturas (asanas), Respiración Correcta, Ejercicios de Respiración Yóguica (pranayama), Relajación, Técnicas del desarrollo de la Atención, Concentración y Meditación.

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Claves del Yoga

Este libro presenta una síntesis completa de las enseñanzas del yoga en todas sus dimensiones. fisiológica, energética, mental y espiritual. Es un manual que desarrolla una amplísima información y una detallada descripción de temas como: las principales sendas del yoga, el tantra, la estructura del ser humano y sus diferentes cuerpos, la energía kundalini, los chakras, las posturas, la respiración, la relajación, la atención-concentración, la meditación…etc.

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Shiva

En el marco del hinduismo, Shiva o Shivá (शिवः Śivá, ‘auspicioso’) es uno de los dioses de la Tri-murti (‘tres-formas’, la Trinidad hinduista), en la que representa el papel de dios destructor junto con Brahmá (dios creador) y Visnú (dios preservador).

Dentro del shivaísmo es considerado el Dios supremo.

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