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Yoga, Cultura del siglo XXI

Introducción

En los años setenta nuestro maestro Swami Satyananda Saraswati comentó que el yoga sería la cultura del siglo XXI. Este augurio se está convirtiendo en una realidad. Cuándo comencé a impartir clases de yoga hace más de treinta años, la opinión pública tenía una idea confusa y limitada de lo que era el yoga. Había quién lo confundía con el judo, otros pensaban que era algo para relajarse, y una gran mayoría ignoraba de qué se trataba. Esta situación ha cambiado por completo y en la actualidad la sociedad en general conoce el yoga, reconoce los grandes beneficios que reporta y lo que es más importante, son muchísimos los que lo practican habitualmente obteniendo una gran mejora en su calidad de vida.

La difusión que el yoga ha tenido en los últimos años es impresionante. Buena prueba de ello es que su práctica ha sido incluida en todo tipo de estamentos; centros culturales, instituciones sanitarias, gimnasios, asociaciones de vecinos, parroquias etc., además del florecimiento de innumerables escuelas de yoga. Creo que la gran expansión que el yoga está teniendo se debe, entre otras razones, a que las condiciones de vida se han vuelto un tanto inhumanas ( estrés, competitividad, artificialidad, desnaturalización del medio, consumismo exagerado, escasez de ideales, alienación, manipulación etc.). Por este motivo la población en general y el individuo en particular necesitan de un medio que les ayude a desarrollarse equilibradamente y a recuperar el contacto con su propia naturaleza y su verdadera identidad. Sin lugar a dudas, el yoga está demostrando que satisface esta necesidad social e individual.

Definición

A pesar de la gran difusión que el yoga ha tenido en las últimas décadas, persisten interpretaciones muy superficiales, simplistas, incorrectas o deformadas y que son del todo incapaces de abarcar la verdadera dimensión y profundidad de yoga.

En esencia, el yoga es un sistema de desarrollo integral del ser humano. Una vía para alcanzar SALUD Y ARMONÍA TOTAL: física, emocional, mental y espiritual. El yoga está considerado como una de las seis Darshanas o escuelas filosóficas de la India. La palabra darshana significa visión de la Realidad experimentada durante estados profundos de consciencia. No es una especulación intelectual sino una comprensión experimental de la Realidad profunda de la existencia.

El yoga además de filosofía es también una ciencia milenaria que investiga la realidad utilizando el método científico. El laboratorio del yogui es su propio cuerpo-mente. Todos sus descubrimientos los lleva a cabo en un terreno experimental y se convierten en realizaciones que generan una profunda transformación personal.

La ciencia del yoga es una ciencia de la vida. A través de su práctica se desarrolla el conocimiento, la comprensión profunda y sobre todo la sabiduría. La sabiduría es el despertar y la actualización de todo el potencial que contiene el ser humano. Desde la sabiduría florece un modo de vivir feliz, armonioso y en consonancia con las leyes de la naturaleza y el orden universal.

De las numerosas vías de crecimiento personal que conforman el yoga, comentaremos en este artículo las dos que han tenido más repercusión en occidente. El Hatha Yoga y el Raja Yoga son las disciplinas que trabajan más directamente en el desarrollo y la SALUD del cuerpo y de la mente.

Cuerpo

Con respecto al cuerpo físico la propuesta del yoga es muy amplia. El sistema del Hatha Yoga (yoga físico) tiene como objetivo crear equilibrio y armonía en todas sus estructuras. Proporcionar una buena salud que haga posible una vida plena y el desarrollo de todas las capacidades del individuo.

Aunque es el sistema cuya práctica más se ha extendido en occidente, lamentablemente en bastantes ocasiones se utiliza de forma limitada muy por debajo de sus verdaderas posibilidades. Otras veces se interpreta erróneamente convirtiéndolo en una gimnasia o una terapia más.

La primera función del yoga físico es facilitar que la persona potencie y mejore la conexión con su cuerpo físico. A partir de aquí se establece una escucha corporal que permite reconocer y satisfacer las necesidades reales del organismo. Es un proceso de integración entre el cuerpo y la mente que se realiza como una exploración y comunicación con el propio cuerpo, el cuál nos manifiesta su necesidad básica de respirar libremente, ejercitarse, abrirse, estirarse, plegarse, fortalecerse, flexibilizarse, relajarse, afirmarse, expresarse, etc.

El desarrollo de este proceso desemboca en un mayor conocimiento y comprensión del cuerpo que nos permite hacer un mejor uso del mismo en todas las situaciones de la vida cotidiana. Todo ello culmina en un estado de equilibrio y armonía fisiológica que despierta todo su capital energético y otorga un nivel mas elevado de consciencia.

Las herramientas que se utilizan en éste sistema son cinco grupos de ejercicios: Shatkarmas, Asanas, Pranayama, Bandhas y Mudras.

En el Hatha Yoga se comienza por realizar una purificación fisiológica mediante la práctica de los Shatkarmas. Estos ejercicios tienen como objetivo limpiar y desintoxicar internamente todo el organismo. Actúan sobre tres segmentos corporales: la cabeza, el tórax-abdomen y la pelvis. Su cometido es equilibrar la actividad de los tres humores; mucus, bilis y gas cuyo balance garantiza la buena salud y el correcto funcionamiento de todos los órganos del cuerpo. Entre los Shatkarmas mas conocidos están la ducha nasal y el lavado del estómago y de todo el sistema digestivo.

El segundo terreno donde trabaja el Hatha Yoga es el ámbito de la respiración. Aquí encontramos dos niveles. El primero está concernido con la rehabilitación respiratoria o recuperación de la respiración natural. Se aprende a realizar esta función vital de un modo pleno y satisfactorio.

La respiración es la función fisiológica más determinante en la vida del ser humano. Si respiras mal vives mal, si respiras bien vives bien. La respiración es el soporte de toda nuestra actividad física y mental, de modo que tener una vida sana y feliz depende en gran medida de que seamos capaces de respirar adecuadamente. Aunque el ser humano nace preparado para respirar perfectamente, a menudo esta función se va entorpeciendo y deteriorando por la aparición de bloqueos funcionales, tensiones emocionales y mentales etc. Se produce un círculo vicioso de modo que “cuando me tenso respiro mal y cuanto peor respiro más me tenso”. El resultado es que la calidad de vida se empobrece en todos los aspectos y esto contribuye a la aparición de muchos desequilibrios y dolencias.

Lo peor de este asunto tan crucial es que nadie nos orienta ni ayuda a corregir y a mejorar la respiración. Nadie nos enseña a respirar; ni los padres, ni los educadores, ni el médico, ni el sacerdote, ni los políticos… Afortunadamente la práctica del yoga soluciona el problema rehabilitando la respiración deficiente o incorrecta y enseñándonos a sacar un provecho óptimo de esta función vital y esencial.

El segundo nivel se llama Pranayama y consiste en un conjunto de técnicas respiratorias cuya finalidad es potenciar la capacidad respiratoria, incrementar el nivel de la energía vital y establecer el equilibrio energético que proporcione un estado mental claro, sereno y ecuánime. El Pranayama es un método muy poderoso capaz de despertar todo el potencial energético del ser humano. Hay que realizarlo de un modo prudente, progresivo y preciso.

El tercer grupo de técnicas son los Asanas o posturas. Hay un número amplísimo y tienen como objetivo desarrollar armónicamente el conjunto del organismo. Las posturas nos enseñan a usar correctamente nuestro cuerpo. Proporcionan liberación y desbloqueo corporal, fuerza, firmeza, resistencia, flexibilidad, equilibrio, coordinación, consciencia corporal, confianza en uno mismo, capacidad expresiva, atención etc. Sus efectos benéficos actúan sobre el conjunto del cuerpo y la mente.

Los Asanas también incluyen la práctica y aprendizaje de la relajación consciente. Aprender a relajarse y a vivir relajadamente es una asignatura pendiente para una parte muy importante de la población. La relajación es el método más directo para liberarse del estrés, el cansancio, el agotamiento, la tensión nerviosa y emocional y la agitación mental. Sin lugar a dudas está práctica debería formar parte de la cultura básica de todo individuo. Es una gran ayuda para recuperar o mantener la buena salud y para vivir feliz.

Desde otra óptica, las posturas de yoga representan simbólicamente todo tipo de situaciones que enfrentamos en la vida cotidiana. Practicando las posturas aprendemos a relacionarnos física y psicológicamente con toda clase de situaciones respondiendo a cada una de ellas con atención, respiración adecuada, equilibrio, firmeza, flexibilidad, coherencia, buena adaptación, etc. Definitivamente, el trabajo postural contribuye no solo a potenciar el cuerpo y la buena salud sino también a equilibrarnos emocional y mentalmente.

Por último están las prácticas llamadas Bandhas y Mudras. Los Bandhas o llaves energéticas son tres ejercicios que además de procurar beneficios orgánicos muy importantes, tienen su principal acción sobre los niveles energético y psíquico. Podemos resumir diciendo que encauzan las energías internas adecuadamente colaborando a la armonización fisiológica, emocional y mental.

Los gestos psíquicos o Mudras son las técnicas mas avanzadas de este sistema. Muchos practicantes sólo conocen los mudras manuales o posiciones de las manos que canalizan apropiadamente las energías internas y generan estados profundos de consciencia. Existen muchos otros mudras que conllevan una práctica combinada de; postura, pranayama, bandhas y la toma de consciencia de los canales y los centros psíquico-energéticos (Nadis y Chakras). Son precisamente estos ejercicios los que llevan al practicante al estado de meditación o integración total. La práctica de los Mudras otorga al Hatha Yoga el carácter de sistema de meditación.

Mente

El yoga mental se denomina Raja Yoga. Este sistema es el que ha otorgado al yoga la categoría de Darshana o escuela filosófica de la India. Su objetivo fundamental es purificar la mente y despertar todo su potencial. El resultado final de este proceso es la Autorrealización o Iluminación donde el ser humano alcanza su máximo nivel de evolución.

La palabra mente abarca muchos aspectos. Podemos definirla como el instrumento de la consciencia del individuo. Según el yoga está constituida por la interrelación de cuatro facultades: Intelecto, Ego, Pensamiento y Memoria.

Una de las primeras cosas que nos propone el yoga es que tenemos que comprender que es la mente y como funciona. A partir de dicha comprensión podremos despertar el potencial que contiene y utilizar su inmensa capacidad de un modo adecuado y eficiente. La metodología empleada en el Raja Yoga o yoga mental es muy amplia y variada. La meditación o Dhyana es su método principal.

La facultad del pensamiento es muy dinámica y consigue que nos identifiquemos con su actividad fluctuante y caprichosa. A menudo solemos ser arrastrados por sus inercias perdiéndonos en un mundo de fantasías que nos desconecta de nuestra realidad. El pensamiento suele orientarse hacia el pasado o hacia el futuro con lo que nos olvidamos del presente y por tanto de la realidad, ya que el pasado y el futuro no existen. No significa esto que no debamos pensar a cerca del pasado y el futuro. Esto es apropiado siempre y cuando no sea una inercia y nos sirva para relacionarnos con el presente o hacer previsiones para el futuro.

Lo primero que nos enseña el yoga es a centrarnos en el momento presente. Establecidos en el presente podemos relacionarnos con la realidad e interactuar con ella en función de lo que demanda cada situación. Entonces desaparecen los comportamientos mecánicos. Nuestras respuestas a todos los eventos de la vida dejan de ser una reacción para convertirse en plena acción consciente.

La primera etapa en el trabajo mental es el desarrollo de la atención y todas las técnicas de meditación tienen este mismo punto de partida. Cuando empezamos a realizar la práctica de la atención y a vivir atentamente, se presentan de forma espontánea los condicionamientos que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, y que nos gobiernan desde las capas profundas de la mente. Al estar atentos podemos reconocerlos sin implicarnos. En ese momento pierden toda su fuerza y tenemos la oportunidad de desactivarlos. Es así como se purifica la mente.

La segunda etapa del trabajo mental consiste en colaborar con este proceso de purificación mental que nos libera de todas las cargas del pasado y nos permite comenzar a vivir de forma libre y espontánea.

La tercera etapa es el cultivo de la concentración, y consiste en unificar todo el potencial de la energía mental hacia un solo punto. Gracias a la concentración somos capaces de penetrar en la esencia profunda de todo fenómeno. El perfeccionamiento de la concentración desemboca en los estados conocidos como Meditación (Dhyana) y Superconsciencia (Samadhi). En estos estados se trasciende la dinámica dual del pensamiento y se desarrollan la compresión profunda y la sabiduría. La culminación de este proceso que despierta y actualiza todo el potencial del individuo se denomina Autorrealización.

La meditación y las dimensiones de la mente

La mente tiene tres áreas de manifestación o dimensiones. La que más conocemos es la dimensión consciente o estado de vigilia. Este es el estado en el que funcionamos en la vida cotidiana. Durante la vigilia somos conscientes de nuestro cuerpo físico y nos relacionamos con el mundo exterior a través de los cinco sentidos. La información que nos suministran los sentidos la procesamos mediante las cuatro facultades de la mente (intelecto, ego, pensamiento y memoria).

La segunda dimensión es el nivel subconsciente que se corresponde con el estado de sueño con ensueño. Cuando todas las noches habitamos en este plano perdemos la consciencia del cuerpo físico y los sentidos se desconectan. Pero la mente sigue activa utilizando el material almacenado en la memoria. Nos identificamos con los sueños y los experimentamos como reales. La mayoría de estos sueños son producto de nuestros condicionamientos y representan una válvula de escape y digestión para nuestras tensiones internas y nuestras contradicciones.

El nivel inconsciente es la tercera dimensión de la mente y está relacionada con el estado de sueño profundo. Cuando entramos en el sueño profundo ignoramos por completo nuestra existencia. La consciencia se desconecta del cuerpo físico y de la mente. Al no haber ninguna actividad mental vivimos en un estado de completa beatitud del cual no recordamos nada al despertarnos. Solo nos queda una magnífica sensación de recuperación y descanso.

La vía de la meditación yóguica es un viaje a través de estas tres dimensiones. Comenzamos en la dimensión consciente desarrollando atención y relajación. Después penetramos en el nivel subconsciente encontrándonos con todo tipo de manifestaciones del material almacenado en la memoria. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de procesar nuestros condicionamientos y contradicciones para conseguir la purificación mental. Una vez realizada la purificación de los contenidos mentales se produce la inmersión en la dimensión inconsciente. Pero a diferencia de lo que sucede durante el sueño profundo, en el proceso meditativo la consciencia permanece activa.

Mientras que el consciente y el subconsciente tienen un carácter individual, el nivel inconsciente es colectivo y podemos identificarlo con la mente universal donde está incluida toda la información acerca del universo y de la existencia. En el estado de meditación la mente individual se reintegra en la mente universal donde adquiere y realiza todo su potencial.

La consumación de la meditación es la armonización e integración de los tres niveles de la mente y se denomina también estado de Turiya. Turiya significa cuarto estado o dimensión transcendental. Es un estado mas allá de la mente habitual y no es posible definirlo con el intelecto. Este estado representa la culminación del perfeccionamiento del ser humano. El descubrimiento y realización de su verdadera Identidad.

Este horizonte de armonía, desarrollo y evolución, tanto personal como social, es una parte importante de lo que nos propone el Yoga como cultura del siglo XXI.

Es posible que mientras inicias esta lectura, estés cómodamente sentado disfrutando un estado de cierta tranquilidad. Pero quizás sea una tranquilidad muy frágil… Imagina que ahora mismo te comentase una mala noticia o un suceso violento y desagradable. En tal caso es probable que tu tranquilidad se esfumara de inmediato y comenzaras a sentirte incómodo y tenso. Esto indicaría que tu estabilidad mental es mas bien superficial y que está a merced de cualquier acontecimiento que se presente. ¿Porqué sucede esto?. Sucede porque no hay un estado suficiente de alerta y la mente se identifica con el suceso, provocando una respuesta emocional de incomodidad y tensión. Y esto suele sucedernos muy habitualmente, con independencia de que practiquemos Hatha Yoga, meditación, o cualquier otra técnica.

Todas las prácticas que solemos realizar son muy beneficiosas y nos ayudan a encauzar nuestra vida de un modo armonioso y positivo. Las posturas de yoga, el pranayama, la relajación, la meditación, el kirtan, el Karma Yoga, etc., nos aportan salud y equilibrio. Pero este equilibrio con frecuencia tiene una duración breve y se puede alterar a la primera de cambio. Para que el equilibrio se convierta en nuestra naturaleza habitual y deje de ser un estado intermitente que depende de los acontecimientos, es necesario que nuestra práctica deje de ser una simple práctica, y se transforme en un estilo de vida. Ello conlleva un profundo desarrollo de la atención en todos los momentos de nuestra existencia. Un vivir conscientemente de instante en instante.

El ser humano está dormido

Las escuelas del auto-conocimiento y el desarrollo del potencial humano, consideran que el hombre común y corriente está dormido. Padece una actividad mental caótica y sin rumbo. Está habitualmente perdido en largas divagaciones, consumido por un diálogo interno que muchas veces es obsesivo y no tiene sentido. Vive inmerso en historias de pensamientos mecánicos, en un estado de distracción casi continua que además suele ser la primera causa de todo tipo de accidentes. De hecho, toma consciencia de lo distraído que vive, solo cuando esta a punto de sufrir un accidente que le puede costar muy caro.

Este estado de ausencia de atención en el que prevalece la inercia de los pensamientos involuntarios y no dirigidos, tiene enormes y devastadoras consecuencias. Por una parte está el olvido de si mismo. El individuo no se da cuenta de que él existe mientras vive, piensa o actúa. Ha perdido la conexión con su centro, con su esencia, con su Ser. Por otro lado, la repercusión de los pensamientos negativos pasa una gran factura a su salud física y mental.

La raíz de la “enfermedad” está en la mente

Buda y Patanjali coinciden en el diagnóstico sobre la “enfermedad” del ser humano. El problema no radica en el cuerpo, aunque este sea el recipiente donde generalmente se manifiestan las dolencias y sus síntomas. La raíz del problema está en la mente. En concreto, en los patrones mentales reactivos de “apego-aversión” (raga-dwesha) y en las fluctuaciones incontroladas de los pensamientos que generan un tremendo caos mental.

Las investigaciones médicas y científicas, han verificado lo que en la ciencia del Yoga se sabe desde hace milenios. El enemigo más temible para el organismo, no son los microbios, ni las bacterias, ni los virus, sino los patrones de reacción mental y los pensamientos negativos.

El pensamiento es una función natural y esencial en la vida del ser humano. La capacidad de pensar es un bien inestimable que nos diferencia de otras especies y nos ha permitido evolucionar y transformar el mundo. Es obvio que necesitamos pensar, especialmente cuando ello nos sirve para interactuar en la vida, relacionarnos con el presente o hacer previsiones de futuro. Pero hay muchísimas ocasiones en las que el pensamiento se convierte en una inercia mecánica y turbulenta que nos desconecta de la realidad y nos predispone a estados de ansiedad, preocupación, miedo y todo tipo de emociones negativas. En consecuencia nos desequilibra y nos precipita hacia el sufrimiento.

El cerebro es el ordenador que dirige al conjunto del organismo. Trabaja sin cesar durante toda nuestra vida regulando cada una de las funciones del metabolismo y su equilibrio químico. La ciencia ha descubierto que cada vez que tenemos un pensamiento el cerebro produce unas sustancias llamadas neuropéptidos y lo que sentimos y experimentamos es la producción y asimilación de dichas sustancias.

Las células del sistema inmunológico que se encargan de defender al organismo de las bacterias, virus, gérmenes y en definitiva de toda enfermedad, tienen un punto concreto de carga que recibe a los neuropéptidos. De este modo el sistema inmunológico percibe nuestros pensamientos y reacciona a nuestro diálogo interno.

La respuesta del sistema inmunológico a los elementos patógenos puede debilitarse o incluso dejar de funcionar por causa de dichas sustancias. Es evidente que lo que pensamos tiene consecuencias y que la respuesta del sistema inmunológico, está condicionada por los pensamientos. El pensamiento positivo potencia el funcionamiento del sistema inmunitario y el pensamiento negativo lo debilita. Ahora podemos entender que la raíz de muchas dolencias, desequilibrios y enfermedades está en una forma de pensar que altera y entorpece el trabajo del sistema inmunológico.

Desde esta perspectiva, podría dar la impresión de que el pensamiento es el “malo de la película”. En absoluto. En realidad, el problema en sí, no son los pensamientos si no la relación que establecemos con ellos, la identificación y consiguiente reacción. Una relación neurótica en la que el pensador es cazado por el pensamiento, se identifica con él y es arrastrado, olvidando que su verdadera identidad es independiente y diferente del fluir efímero de dichos pensamientos.

Consciencia Testigo, eje de la Meditación y la Transformación

La mejor forma de liberarnos del efecto negativo que tienen en nuestra salud física y mental, los pensamientos involuntarios o espontáneos y el diálogo interno es lo que en el Yoga se define como el desarrollo de la “Consciencia Testigo”. Una actitud de aceptación y observación imparcial ante nuestras emociones, pensamientos y sensaciones. Tal actitud nos permite ser conscientes de que no somos esos eventos pasajeros y de la independencia que existe entre nuestro Ser o Yo profundo y lo que sucede en nuestra periferia. De este modo no nos afectan ni contaminan los acontecimientos internos o externos. Conservamos la libertad y la espontaneidad. Dejamos de reaccionar mecánicamente y nuestra respuesta a todas las situaciones de la vida se convierte en plena acción consciente.

De entre todos los recursos que disponemos para potenciar y actualizar la Consciencia Testigo, destaca el método de meditación del “Silencio Interior” (Antar Mouna) que nos ha legado nuestro maestro Swami Satyananda. Con su ayuda podemos entrenar la atención y permanecer como un testigo -no implicado- de la actividad espontánea de nuestra mente. Cuando nos sentamos a meditar estamos en una situación privilegiada para desarrollar la Consciencia Testigo y desactivar los condicionamientos de la mente. No obstante, no hay que olvidar que cuando termina la sentada, la actitud meditativa debe continuar. Hay que seguir establecido en la Consciecia Testigo en medio de las situaciones del vivir cotidiano. Es así como la práctica meditativa deja de ser una simple práctica y se transforma en un estilo de vida. Es así como la meditación se expresa en la acción y fructifica la sadhana (práctica personal).

Están muy bien todas las prácticas que realizamos, las terapias que nos aplicamos, los seminarios en que participamos, los textos que estudiamos, los profesores que frecuentamos. Todo ello es una gran ayuda y nos proporciona salud, equilibrio, crecimiento y el despertar a la dimensión profunda de la existencia. Pero en muchos casos se queda solo en destellos de despertar. En cuanto baja la alerta y este es un viejo hábito muy arraigado, vuelven la mecanicidad, los patrones de comportamiento condicionado y la avalancha de pensamientos con los que nos identificamos y a los que reaccionamos inconscientemente.

En cierto sentido, da lo mismo donde vivamos, da lo mismo lo que hagamos, las terapias que realicemos, las técnicas que practiquemos. Todo ello está muy bien, pero mientras no tengamos la firme determinación, de ser conscientes en todo momento de nuestro diálogo interno, nuestro pensamiento involuntario, seguiremos sumidos en el sueño. El diálogo interno nos suele acompañar durante todo el día y es mas constante en nuestra vida que cualquier actitud, práctica o método que realicemos.

El despertar y la transformación profunda, sólo suceden cuando actualizamos la Consciencia Testigo y nos desidentificamos y deshinotizamos del mecánico diálogo interno. Llevar a cabo este despertar no es solo cuestión de practicar técnicas sino de cultivar una actitud de alerta que impregne toda nuestra vida. Las técnicas nos ayudaran mucho, nos ayudarán a ir poco a poco, para finalmente establecernos en la actitud de ser consciente en todo momento.

La meditación en la vida cotidiana

Pero, mientras en el día a día, no seamos conscientes del diálogo interno, las olas del océano mental, seguirán dándonos revolcones, arrastrándonos y generando venenos que intoxican el conjunto de nuestro cuerpo-mente. Sólo tomando consciencia del diálogo interno, podemos liberarnos de él. Entonces dejamos de ser zarandeados por su oleaje y podemos navegar en la dirección adecuada. Éste, es un proceso que comienza con la atención o auto-observación, madura con la meditación y nos conduce hacia la auto-realización.

La Consciencia Testigo es un proceso de “guante blanco”. No requiere actuar ni es un trabajo. No hay que suprimir ni alimentar nada. Es un no-hacer, no intervenir, no involucrarse. Es un puro observar desde la aceptación que nos libera de los condicionamientos mentales y nos permite ver las cosas tal como son y comprender la naturaleza profunda de todo fenómeno. La Consciencia Testigo sintetiza los factores esenciales que caracterizan la sadhana del Yoga Clásico o Yoga de Patanjali: “práctica constante” (Abhyasa) y “no-apego, desidentificación” (Vairagya).

Cada momento y situación de la vida cotidiana es una invitación a vivir conscientemente, a desarrollar la Consciencia Testigo. Podemos observar el cuerpo mientras caminamos, podemos observar nuestra respiración mientras estamos en el autobús, podemos ser conscientes de nuestros pensamientos mientras hablamos, trabajamos, en todo momento… ¿A qué esperamos?… Es cuestión de determinación, de acordarnos y de perseverar…

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